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Reportaje

Avanzan los protocolos de higiene en las organizaciones. ¿Y los de seguridad?

A 22 meses de la aparición del primer caso de COVID-19 en México, la gran mayoría de las organizaciones cuentan con protocolos de higiene aceptables para que sus empleados regresen a trabajar en las oficinas, pero hay una materia pendiente por resolver: la inseguridad

Por: Ulises Navarro Swipe

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| Las vacunas generan confianza

De acuerdo con datos oficiales, nuestro país acumuló, a finales de septiembre, la terrible cifra de 277 mil muertes por la pandemia de COVID-19. Cantidad inverosímil y que genera una escalofriante sensación; peor aún cuando esa cantidad continúa incrementándose día tras día.

Sin embargo, pese a esta lamentable información, lo cierto es que en tan solo nueve meses -de diciembre a septiembre-, México rebasó los millones de vacunas aplicadas contra este tremendo mal que aqueja al mundo entero. Con ello, cerca de 64 millones de personas mayores de 18 años han recibido por lo menos una dosis.

Este fenómeno ha sido fundamental para que muchas actividades retomen su actividad comercial; si bien no al 100 por ciento en la mayoría de los casos, por lo menos con mayor certidumbre en el corto y mediano plazo.

| Buenos protocolos de higiene

Poco a poco, las grandes organizaciones y empresas de menor tamaño están invitando a sus empleados a retomar sus labores de manera presencial o, por lo menos, bajo un esquema hibrido. Proteger el ingreso a estos corporativos resulta todo un reto, aunque está sobradamente justificado.

La medición de la temperatura, el gel antibacterial para las manos, los tapetes desinfectantes para calzado, la señalación de distanciamiento social desde la entrada al inmueble, el elevador y en las oficinas son acciones generalizadas. El llenado de información personal a mano o mediante un código QR, la instalación de estaciones sanitizantes y hasta la aplicación de pruebas clínicas también están siendo parte del protocolo de higiene, pero no tan comunes.

Lo cierto es que, de acuerdo con la industria o la actividad económica que se evalúe, el protocolo establecido resulta más sencillo o complejo. Si analizamos al sector de la hotelería, por poner ejemplo, nos quedará claro su complejidad, así como importantes incrementos en sus costos operativos. Mientras que, si solo evaluamos la entrada a un comercio, las acciones establecidas serán menores y a un costo proporcional.

El robo hormiga es el tercer delito con mayor incidencia dentro de las organizaciones mexicanas.

| ¿Qué pasa con los protocolos de seguridad?

Así como señalaba que muchas empresas están muy conscientes del problema de la pandemia y la aplicación correcta de medidas de higiene, tengo el presentimiento de que han dejado a un lado algunos protocolos de seguridad con los que ya contaban.

He observado cierto relajamiento en materia de seguridad durante mi visita a distintos corporativos, tanto en la protección de sus instalaciones, como en sus equipos tecnológicos instalados e, incluso, hasta en las mercancías que protegen en su interior. Es importante no bajar la guardia y entender que un protocolo no sustituye a otro.

Tampoco pensar que por el hecho de que en las oficinas, plantas, bodegas o puntos de venta exista menos movimiento, el riesgo se ha reducido. Es una falacia de alto riesgo y que bien merece la atención y asesoramiento de alguna empresa de seguridad privada con experiencia y con estándares de calidad reconocidos a nivel nacional.

Dejar cualquier instalación solo bajo protección de cámaras de seguridad, me parece, sin ser un experto ni pretenderlo ser, una equivocación. No olvidemos que tan solo el robo hormiga es el tercer delito con mayor incidencia dentro de las organizaciones mexicanas, con el 14 % de actividad delictiva registrada en empresas de todo en país, de acuerdo con datos de Coparmex.

| Los riesgos pueden ser invaluables

Mientras muchas actividades económicas han sufrido desde un colapso hasta reducciones menores, quien lejos está de ellos es la delincuencia organizada.

Tan solo en las últimas fechas se han observado acciones poco comunes, afortunadamente, como el presunto regalo-bomba recibido en un establecimiento de Salamanca, Guanajuato, o el reciente “incidente” en la emblemático Baby’O en plena costera de Acapulco, Guerrero, en donde el fuego acabó con un clásico de la localidad y que llevaba operando desde 1976.

Por muchas acciones que implementen los gobiernos en materia de seguridad, lo cierto es que la delincuencia va un paso adelante. Ante ello, cualquier protección adicional, como las que ofrecen algunas empresas de seguridad privada, son fundamentales.

Combatir el alto índice de violencia enfocándose solo en el 2% de los municipios del país, sin contemplar al 100%, no dará resultados positivos

| El problema no es la forma, sino el fondo

Como bien señala Alejandro Desfassiaux, presidente de Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial, la reciente propuesta de seguridad presentada por el Gobierno Federal para combatir el alto índice de violencia mediante acciones meramente locales, enfocadas en el 2% de los municipios del país, contra los 850 que no se contemplan, quedará pronto rebasada, puesto que acelera la expansión de las células criminales hacia nuevos territorios y, además, no ataca el origen de la inseguridad, que es el aspecto económico. Dado que la propuesta solo se concentra en algunas localidades con alto índice delictivo, el crimen organizado optará por fortalecer su presencia en otras zonas que no estén bajo mayor supervisión ni control de las fuerzas federales. Será el típico efecto cucaracha.

Lo mismo sucede en las empresas versus la delincuencia. Los asaltantes siempre buscarán incursionar y cometer cualquier acto delictivo en organizaciones, puntos de venta, traslados de mercancías… que no estén debidamente protegidos, frente a aquellas que cuentan con buenos protocolos de seguridad.

El fondo del gran problema de la inseguridad y del crimen organizado queda de manifiesto en el comentario de Alejandro Desfassiaux: “Adicionalmente a las acciones del Gobierno Federal, se debe impulsar el desarrollo económico de los municipios donde se planea combatir al crimen organizado, y la UIF debe desarticular las finanzas de las células criminales, pues mientras esto no se integre a la estrategia, nada va a funcionar”. AN

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