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El Museo Patek Philippe celebra su aniversario 20

Inaugurado en noviembre de 2001, el Museo Patek Philippe, ubicado en Ginebra, alberga una de las colecciones relojeras más importantes y prestigiosas del mundo.

Por: Alto Nivel Swipe

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| Pasión hecha realidad

Cerca de 2,500 relojes, autómatas, objetos preciosos y retratos en miniatura esmaltados, invitan al visitante a un fabuloso viaje a través de cinco siglos de historia relojera ginebrina, suiza y europea, además de proponer una visión panorámica de la producción de Patek Philippe desde 1839. La reciente introducción de una nueva museología hace que la experiencia sea especialmente vívida y atractiva. Esta joya ginebrina de renombre internacional permite a los expertos, a los aficionados y al público en general conocer más de cerca el excepcional patrimonio cultural que representan la relojería y las artes afines.

Una extraordinaria colección privada El Museo Patek Philippe nació de la pasión de un hombre por la relojería. Ese hombre es Philippe Stern, quien entonces era presidente de la manufactura ginebrina y ahora es su presidente de honor. El señor Stern comenzó a reunir la colección mucho antes de pensar en un museo. Al principio se concentró en los relojes Patek Philippe, sobre todo en los modelos complicados. En 1980 amplió su búsqueda para incluir todos los relojes que habían dejado su huella en la historia de la relojería desde el siglo XVI, junto con los mayores tesoros del arte del esmaltado, esa sublime especialidad ginebrina.

Pero su objetivo al reunir todas estas obras maestras de la técnica y la estética no era únicamente satisfacer sus gustos personales. También pretendía compartir con el público su amor por el arte de la relojería y su alegría por los descubrimientos. Y al hacerlo, comunicar el esplendor de la tradición de la alta relojería ginebrina y garantizar que este patrimonio cultural se transmita a las generaciones futuras. Así, la idea de un museo comenzó a tomar forma.


| Un edificio a lo grande

Una colección extraordinaria requiere un entorno excepcional. El Museo Patek Philippe recibe por fin al mundo en un magnífico edificio industrial de 1919-1920, restaurado con gran sobriedad. Situado en el número 7 de la rue des Vieux-Grenadiers, en el barrio de Plainpalais de Ginebra, este edificio había sido ocupado por relojeros y artesanos de oficios afines a lo largo de su historia.

Patek Philippe lo adquirió en 1975 para albergar los Ateliers Réunis, una unidad de producción de cajas, brazaletes y cadenas. En 1996, estas actividades se trasladaron a las nuevas instalaciones de fabricación en Plan-les-Ouates, dejando el edificio vacante. Philippe Stern decidió que sería allí donde presentaría su colección. Entre 1999 y 2001 se restauró por completo la estructura, añadiendo una planta más, respetando estrictamente la arquitectura original.

La esposa del señor Stern, Gerdi, supervisó la decoración interior, con el objetivo de dar a las habitaciones la calidez e intimidad de una residencia privada. En noviembre de 2001, las colecciones del Museo Patek Philippe se presentaron por fin en un entorno digno de su valor técnico, artístico, estético, histórico y científico.


| 500 años de historia de la relojería

Más que un museo dedicado a una sola marca, el Museo Patek Philippe es único porque ofrece la posibilidad de descubrir cinco siglos de patrimonio relojero, así como el significado de todas las artes decorativas tradicionalmente asociadas a la relojería: grabado, esmaltado, engastado, guilloché, etcétera.

Las colecciones se dividen en dos secciones complementarias: en la segunda planta, un recorrido por la historia del reloj mecánico portátil, desde sus orígenes en el siglo XVI hasta principios del siglo XIX; en la primera planta, un estudio de las creaciones más bellas de Patek Philippe, desde 1839 hasta el año 2000. En la tercera planta, una biblioteca con más de 8,000 obras sobre relojería y temas afines subraya la función educativa del museo.


| Un placer que no debe perderse

En dos décadas, el Museo Patek Philippe se ha convertido en uno de los mejores museos y centros culturales de Ginebra. Además de atraer a visitantes de todo el mundo, también atrae a los habitantes de la región circundante, deseosos de conocer mejor el patrimonio cultural ginebrino.

El número de visitantes da fe de su éxito, con más de 600,000 entradas en 20 años. Además de las colecciones permanentes, el museo ha organizado exposiciones temporales en las que se muestran tesoros particulares: “Relojes de la realeza” en 2005, “El espejo de la seducción: prestigiosos pares de relojes chinos” en 2010 y “Relojes firmados por Rousseau” en 2012.

Las visitas guiadas públicas tienen lugar todos los sábados en francés e inglés o pueden reservarse con antelación en siete idiomas (francés, inglés, alemán, italiano, español, chino y ruso). También se ofrecen visitas temáticas. Los temas van desde el esmaltado o la magia de los autómatas hasta una visita para niños o un recorrido para descubrir la antigua Ginebra de los relojeros.

Bien vale la pena destinar un buen tiempo del día para descubrir los tesoros que guarda este inmueble. AN

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