altonivel
Regresar a edición Pantalla completa Compartir Accesibilidad Tamaño de texto
A- A+
Animaciones
Iniciar sesión
Reportaje

La igualdad también se nota en el lenguaje

Las organizaciones que trabajan en la equidad de género deben integrar el lenguaje incluyente, como una de las herramientas más poderosas de comunicación.

Por: María Isabel Pérez Swipe

Continua en la historia

Swipe Desliza a la izquierda para continuar

| Derecho inalienable

Igualdad: una palabra que se lee y escucha cada vez más en distintos medios. Pero más allá de ser una simple palabra es un asunto profundo, interesante y que todavía en estos tiempos modernos se somete a discusiones por líderes políticos del mundo, que no quieren darse cuenta de que todo ha cambiado. La igualdad no es un capricho de unos cuantos; es un derecho inalienable que llegó para quedarse. De hecho, es un principio constitucional concertado en el que mujeres y hombres son iguales ante la ley. También conocido como igualdad de género, se trata de un principio muy sencillo que indica que todas las personas son iguales para el goce de derechos. Ha sido titánica la labor de cientos de países por sensibilizar y hacer ver la importancia de la igualdad como una práctica real y consistente, sobre todo a partir de la pandemia de COVID-19, la cual ha dejado indicadores lamentables, no solo en pérdidas humanas y secuelas de la enfermedad, sino en desempleo y falta de oportunidades, lo cual conlleva a un repunte de la violencia familiar, particularmente contra las mujeres y los niños.

| Lenguaje y comunicación androcéntricos

En numerosas convenciones, informes y tratados internacionales y nacionales se han discutido las condiciones de desventaja que enfrentan las mujeres en el mundo y en todos los ámbitos. Uno de los espacios donde persiste la desigualdad entre mujeres y hombres es el mercado laboral. Cada vez más mujeres se integran a la fuerza de trabajo, pero su participación económica sigue siendo menor en comparación con la de los hombres. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a nivel mundial las mujeres ganan 20% menos al mes que los hombres. Este es tan solo un ejemplo de desigualdad, pero hay otro más sutil y no menos importante: el lenguaje y la comunicación. Aun cuando vayamos por la vida creyendo que las condiciones de igualdad van viento en popa, el lenguaje sigue siendo una de las barreras más fuertes, particularmente en sociedades patriarcales, como la nuestra. Dentro del lenguaje se ve reflejado el androcentrismo y el privilegio milenario que menciona, reconoce y nombra al hombre por encima de la mujer, y observamos cantidad de discursos utilizando el masculino como genérico, sin tratamiento diferenciado, sin reconocimiento ni respeto, y cientos de usos despectivos y ofensivos del lenguaje cuando se dirige a la mujer, tomándose la libertad de etiquetarlas o clasificarlas con subcategorías por debajo de los hombres.

| Todas y todos

El lenguaje y la comunicación pueden influir en la mente de miles de personas, ya que son instrumentos de identidad y contacto con el mundo que nos rodea. Mediante el lenguaje y la comunicación se influye en las emociones, costumbres, sentimientos, dentro de las experiencias humanas y sus mandatos históricos. Por eso son sumamente importantes en la niñez, ya que los niños, como “esponjas”, absorben cada término de manera directa. Para construir una sociedad más igualitaria, se debe enseñar un lenguaje inclusivo desde la niñez, eliminando toda discriminación sexual. En una sociedad que no refleja la igualdad, se siguen replicando estereotipos o centralizando formas de expresión discriminadora y excluyente. El lenguaje sexista (el cual se define como la suma de los rasgos relacionados con los prejuicios culturales asociados al machismo, la misoginia e incluso la misandria, así como todo lo alusivo a la identidad sexual de quien habla), no puede seguir siendo un recurso para organizaciones que están trabajando la igualdad de género. Deben hacer del lenguaje incluyente un hábito dentro de la cultura laboral. Es un compromiso que tenemos que asumir todas y todos de manera global. El lenguaje contribuye con el logro de la igualdad. Es una herramienta que ha ido evolucionando a la par con la transformación de una sociedad cada vez más despierta y exigente por el respeto a su derecho de igualdad. Es por ello que no es redundante –como muchos creen– nombrar lo femenino. Incluir en textos y discursos el todas es muestra de una sociedad democrática y evolucionada.

| Un manual para empresas

Una sociedad más igualitaria requiere de un lenguaje incluyente, en el que mujeres y hombres se visibilicen. Un lenguaje en el que las mujeres se identifiquen a sí mismas con sus cargos directivos, llamándose “directoras”, sin omitir el término en femenino, como tantas lo hacen por miedo a ser juzgadas. Médicas, ingenieras, arquitectas, desarrolladoras de software, músicas, términos en femenino que en el lenguaje sí existen. Si reflexionáramos en cómo influyen las omisiones del lenguaje y la comunicación en las conductas de una sociedad, nos detendríamos dos veces antes de continuar con esta práctica sexista. ¿Qué consecuencias ha tenido en las aulas que a través de la historia no se haya visibilizado a las mujeres científicas con el mismo tesón con el que se mencionaron los hombres? Se abrió una brecha enorme en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que ahora tenemos que trabajar con verdadera velocidad, si queremos ser competitivas y competitivos a nivel mundial. Han sido muchos los esfuerzos que se han realizado por destacar la importancia que tiene el término de igualdad para las organizaciones de hoy; sin embargo, muchas aún muestran en sus campañas de publicidad que les hace falta considerar el lenguaje incluyente como una de las herramientas más poderosas de comunicación. Para apoyarse, me atrevería a recomendar el Manual de comunicación no sexista. Hacia un lenguaje incluyente, de Claudia Guichard Bello, publicado por el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES). Recordemos que si damos tratos desiguales, discriminamos. Evitemos seguir repitiendo una historia que, a todas luces, ya no funciona. AN


Por María Isabel Pérez

La autora es consultora y speaker con más de 15 años de experiencia en empoderamiento femenino y perspectiva de género e igualdad, y fundadora y presidenta de Triyana Consultoría.

También en esta edición

Compartir