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La recuperación económica en 2021 será lenta y parcial

Por: Carlos Serrano Herrera Swipe

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El año que está por concluir la economía mexicana se vio afectada, al igual que las de todos los países del mundo, por la pandemia del Covid-19 que resultó en la contracción económica más profunda en los últimos 100 años. En el segundo trimestre del 2020 la economía cayó a una tasa anualizada de 53%, cifra que nadie hubiera imaginado. Al momento de escribir este artículo, estimo que en 2020 la economía va a caer un 9.3%, similar a lo que proyecta el Fondo Monetario Internacional (FMI). Hay que recordar que la crisis de la pandemia llegó cuando el país ya estaba en una recesión: la economía decreció en el 2019.

En 2021 la recuperación será incompleta y gradual. Estimo que el crecimiento será de 3.7%, el FMI 3.5%, y la Secretaría de Hacienda 4.7% En cualquiera de estos escenarios, la economía del país estará muy por debajo de los niveles que tenía en 2018. Si la contracción termina siendo de 9%, para volver al nivel de PIB de antes de la pandemia, en 2021 el crecimiento debería de ser de 10%. Imaginemos que bajamos nueve pisos en un edificio y después subimos cuatro o cinco: todavía estaremos lejos del punto de partida. Lamentablemente, alcanzarlo nos puede llevar hasta el año 2023. Y si hablamos de PIB per cápita, es factible que tengamos una década perdida.

| La contracción económica era inevitable

Casi ningún país escapó a ella. Lo que era (y es) evitable es la lenta recuperación. Y era evitable con medidas de apoyo fiscal. Es cierto que México no tenía el espacio fiscal para implementar un impulso como el que adoptaron países como Alemania y Estados Unidos (más de 15 puntos del PIB), pero sí tenía el espacio para hacer algo similar a lo que hicieron Perú, Chile o Colombia (entre cuatro y ocho puntos del PIB). Creo que México hubiese podido anunciar una respuesta fiscal de unos cuatro puntos del PIB, destinada a apoyar a las personas que perdieron el empleo, a fortalecer el sector salud y a impedir que se dañara el tejido productivo. Eso se pudo haber acompañado con el anuncio de una reforma fiscal que entrara en vigor una vez superada la contingencia.

Otra razón por la cual la recuperación será lenta es la debilidad de la inversión. Esta variable cayó como resultado de la pandemia; esto era de esperarse. Así ocurrió en todo el mundo. Más preocupante es que llevaba cayendo mes tras mes desde mediados de 2018. Algunas decisiones de política económica han resultado en una pérdida de confianza en los inversionistas, nacionales y extranjeros, lo que ha resultado en menores niveles de inversión. Si estas señales de incertidumbre no se corrigen, el país estará condenado a tener menores tasas de crecimiento, y por tanto de bienestar de la población, en los próximos años.

El triunfo de Joe Biden implicará menor incertidumbre, lo cual puede propiciar mayor inversión.

| Podemos ser optimistas

En este complicado panorama, hay algunos puntos que permiten tener cierto optimismo de cara al 2021. Uno de ellos es el resultado de la elección en Estados Unidos. El triunfo de Joe Biden no solamente significa el regreso de la decencia a la Casa Blanca. También implicará menor incertidumbre, lo cual puede propiciar mayor inversión. Con Donald Trump, las amenazas arancelarias estaban siempre presentes. Además, Biden puede introducir incentivos para que México adopte energías más limpias, lo cual no solamente implicaría mejoras al medio ambiente sino también menores costos energéticos y, por tanto, una economía más eficiente.

Otra razón para el optimismo es que, a pesar de la fuerte recesión, en esta crisis y a diferencia de otras en el pasado, las variables financieras estarán bien comportadas. El sistema bancario tiene niveles elevados de capital y liquidez que le permitirán afrontar el posible deterioro en la cartera vencida. Además, estará en condiciones de reactivar el crédito hacia aquellos sectores y empresas que vayan a salir bien librados después de la crisis. Gracias a la independencia del Banco de México, la inflación estará bajo control y las tasas de interés estarán bajas. Y gracias al tratado de libre comercio y al régimen de tipo de cambio flexible, el país no tendrá desequilibrios externos. Es decir, las fortalezas que se han construido en los últimos 25 años servirán para que la crisis económica no se convierta en una crisis financiera. AN


Carlos Serrano Herrera

Economista Jefe de BBVA México.

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