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Opinión

Perder a México

Por: Agustín Llamas Mendoza Swipe

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Ningún país que se considere desarrollado tiene a los empresarios y a los actores sociales marginados del quehacer nacional, de la participación en el diseño de políticas públicas y de los planteamientos de largo alcance en materia económica, social y política. En los últimos años han proliferado en el mundo gobiernos de corte populista y estatista, donde todos ellos, bajo el pretexto de la corrupción preexistente, han seguido políticas de corte autoritario, promoviendo que aquellos sectores de la economía y de la sociedad que naturalmente debieran hacer contrapeso al sector político, hoy se encuentren diluidos y marginados, mientras que el poder político concentra más y más autoridad en todos los órdenes.

Desde el inicio de este gobierno, en 2018, la política que se ha seguido es la de marginar a la sociedad civil organizada y a los empresarios.

Lamentablemente, México no es la excepción a estas circunstancias. Desde el inicio de este gobierno, en 2018, la política que se ha seguido es la de marginar a la sociedad civil organizada y a los empresarios. Restarles poder, al tiempo que el Estado concentra y acumula mayores facultades, eliminando y anulando a actores e instituciones que, por su naturaleza, son partes fundamentales de la gobernabilidad de cualquier sistema.

 

Por un lado, es natural que el político quiera concentrar mayor poder, pero por el otro también debiera ser natural que tanto sociedad como sector económico no dejaran que el gobernante en turno tomara y acumulara mayor poder que el que le corresponde.

Entonces, ¿por qué tanto la sociedad organizada como los empresarios se dejan marginar y no cumplen con su responsabilidad de ser contrapesos a los apetitos monopólicos de este gobierno populista y autoritario?

Hoy necesitamos no solo de los empresarios comprometidos y socialmente responsables, sino de aquella sociedad participativa que juegue un rol verdaderamente ciudadano y participativo.

La crisis que vivimos hoy en día no es producto exclusivamente del virus, es producto de las políticas públicas que se han seguido desde el 2018. El virus ha agravado la situación económica y social, y en ese sentido este gobierno aprovecha las circunstancias para eliminar a todos aquellos actores que no favorecen su visión estatista y a su apetito autoritario.

 

Al no querer apoyar el empleo y, con ello, hacer que las empresas quiebren; al no querer apoyar la educación privada y restarle espacios formativos; al promover leyes que afectan la industria farmacéutica; al eliminar las aportaciones a las organizaciones sociales de apoyo a la niñez, por ejemplo, para favorecer programas clientelares; al ahuyentar la inversión extranjera mediante consultas populares amañadas… son algunas de las acciones, o no-acciones, que restringen libertades privadas económicas y sociales, al tiempo que promueven prácticas estatizadoras, autoritarias y populistas.

En el proceso de transición que vive México es fundamental que todos los actores evolucionemos a formas más participativas y más generadoras de acuerdos de largo plazo.

Sin duda, todas las libertades que hoy gozamos son producto del esfuerzo y compromiso de muchos actores a lo largo de los últimos años; sin embargo, no podemos pensar que la tarea se haya concluido. Hoy necesitamos, evidentemente, no solo de los empresarios comprometidos y socialmente responsables, sino de aquella sociedad participativa que juegue un rol verdaderamente ciudadano y participativo.

 

En el proceso de transición que vive México desde hace muchos años es fundamental que todos los actores evolucionemos a formas más participativas y más generadoras de acuerdos de largo plazo, para la construcción de mejores países. No asumir esa responsabilidad, sin duda, nos llevará a que los costos de transacción no los eliminemos y se mantenga el rezago social y los privilegios de aquellos que son los menos productivos de una sociedad.

Con gobiernos que genéticamente son populistas o que no quieren pagar el costo de la eliminación de privilegios de sus clientelas, y ante una sociedad apática y una oposición partidista sin fuerza, cualquiera se pregunta si el 2021 será la última oportunidad de fortalecer nuestra democracia, o nos damos por vencidos y nos rendimos, perdiendo a México.

Agustín Llamas Mendoza

 

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