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Opinión

Rescatar a México

Por: Agustín Llamas Mendoza Swipe

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La democracia mexicana, cuya construcción llevamos desde finales de los años 80, no ha dado los frutos que todos esperamos. Una democracia, hoy calificada como defectuosa y que prometió beneficios para todos en muchos momentos, dio inevitablemente decepciones, desempleo, desigualdad, corrupción e inseguridad. Una democracia sustentada más en la aspiración que en la realidad. Una democracia con ausencia de demócratas.

Hoy se presentan grandes oportunidades para hacer ciudadanía, y más concretamente para formar sociedad civil, esa que actúa por el bien común y que genera valor al sistema, y más a la democracia sistémica.

 

Esa misma democracia, que fue abusada, violada y secuestrada por el poder económico, por la clase política y por las élites, dejó huérfana y a la intemperie una sociedad que legítimamente esperaba beneficios, a cambio de su paciencia y el agravio acumulado, en el 2018 encontró una vía de escape, donde se manifestó con toda su fuerza para cobrar todos esos rendimientos esperados y que se le escatimaron durante años. Hoy, después de dos años, esa esperanza electoral solo es frustración para todos aquellos que votaron por esos actores que, sin duda, nunca fueron ni serán demócratas.

 

Pero no, la democracia no ha muerto. Por lo menos, la democracia electoral no lo ha hecho: dio muestras de vigor y entereza y nuevamente se pondrá a prueba en 2021. Pero la democracia sistémica, la democracia del estado de derecho, esa que repudia la demagogia, el populismo, la corrupción y la impunidad, el tráfico de influencias y las prebendas, y que reclama contrapesos, no sabemos todavía si ha fallecido porque el autoritarismo populista desde el gobierno actual no pierde oportunidad para derrumbar instituciones y, con ello, dañar a la democracia.

La democracia y su crecimiento y fortaleza solo se pueden dar cuando todos participemos, desde las respectivas trincheras, en la cosa pública.

 

Hoy se presentan grandes oportunidades para hacer ciudadanía, y más concretamente para formar sociedad civil, esa que actúa por el bien común y que genera valor al sistema, y más a la democracia sistémica. Hoy, más allá de los políticos que nos pretenden dividir matinal y cotidianamente con una paupérrima narrativa dialéctica, existe una parte de la ciudadanía a la que motiva la construcción del bien común y hoy todavía tiene la oportunidad de organizarse y, mediante su participación, seguir contribuyendo a la idea solidaria y contraria a la de que el gobierno solo o los empresarios solos o aislados o los sindicatos marginados o la academia y sus esfuerzos individuales podrán consolidar la democracia en nuestro país.

 

La democracia y su crecimiento y fortaleza solo se pueden dar cuando todos participemos, desde las respectivas trincheras, en la cosa pública.

En un país desarrollado, la democracia prevalece. Los actores no se someten al gobierno de turno, sino que todos los actores -sociales y económicos- son socios de los políticos para que ese país sea grande y cada vez tenga mejor calidad de vida.

El gobierno actual ha tenido oportunidad en dos años de ser un catalizador y promotor de una gobernabilidad democrática y hasta ahora no ha mostrado el liderazgo que la crisis sanitaria y económica requieren.

 

El gobierno actual ha tenido oportunidad en dos años de ser un catalizador y promotor de una gobernabilidad democrática y hasta ahora no ha mostrado el liderazgo que la crisis sanitaria y económica requieren. Más bien ha operado con un sentido destructor de las instituciones que durante décadas fortalecieron esa democracia; en lugar de llamar a la unidad solidaria de todos los actores, nos lleva inevitablemente a una crisis política que ninguna generación que hoy viva pueda recordar.

Para 2021, los demócratas que restan tendrán la oportunidad institucional de enderezar las distorsiones que los promotores del populismo autoritario han generado en estos dos años.  El próximo año, con la participación responsable de la ciudadanía, podremos rescatar no un gobierno, sino un país. AN

Agustín Llamas Mendoza

@politicabierta

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