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Opinión

Sí a la democracia

Por: Agustín Llamas Mendoza Swipe

Continua en la historia

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En diciembre de 2018 afirmaba este gobierno: “Aplicaremos rápido, muy rápido los cambios políticos y sociales, para que, si en el futuro nuestros adversarios nos vencen, les cueste mucho trabajo dar marcha atrás a lo que habremos de conseguir”. Y así ha sido. En casi dos años, han comenzado a levantar un nuevo régimen mediante la destrucción de todo lo existente, mediante una serie de acciones de corte autoritario y populista y con una narrativa de división y enfrentamiento social.

El gobierno actual no es un gobierno más, no es un sexenio más de ineptitud, corrupción e ideología trasnochada (que además lo es). Este gobierno está conformado por un grupo de actores que lo que pretenden es la construcción de un nuevo régimen, de un nuevo país, donde una de sus principales tareas es borrar la historia desde el descubrimiento de América hasta 2018.

Este gobierno está conformado por un grupo de actores que pretenden construir un nuevo régimen, de un nuevo país, donde una de sus principales tareas es borrar la historia desde el descubrimiento de América hasta 2018.

Pretenden imponer su visión mediante una dialéctica emocional, por un lado; por el otro, mediante acciones que pretenden estatizar todo, volver a embarazar al Estado mexicano, eliminando desde órganos autónomos hasta inversión privada, pasando por marginar a la sociedad civil organizada y utilizando recursos públicos discrecional y clientelarmente. Se trata de que, bajo su visión autoritaria y controladora, el Estado recupere todo el control que, desde su cortedad de miras, perdió durante los últimos treinta años.

John Adams, padre de la patria estadounidense, hacia finales del siglo xviii, advirtió: “Recordemos que la democracia nunca dura mucho. Pronto se desperdicia, se agota y se suele suicidar…” Así es, y es que la principal virtud que tiene la democracia es precisamente su propia debilidad. La democracia es un sistema abierto, vivo y en constante evolución que, si no genera resultados evidentes para todos, entonces se debilita y fracasa.  Una democracia que no da resultados no sirve para nada y cava su propia tumba.

Hoy, las dos lineas fundamentales de la narrartiva desde el poder son: todo contra la corrupción y primero los pobres. Sin duda, dos de los lastres que no resolvió nuestro proceso de transición hacia la democracia en los últimos treinta años, y hoy esos pendientes están resquebrajando nuestra incipiente democracia. Y, además, son los principales argumentos que legitiman la llegada y las acciones del actual gobierno. No porque verdaderamente pretendan resolverlos, sino porque son los dos argumentos perfectos para justificar todas sus políticas de corte autoritario.

¿Qué hacer y cómo defender lo que nos resta de democracia, de libertades sociales, políticas y ecónomicas?  Como ciudadano, prepararse para participar en las próximas elecciones.

¿Qué hacer y cómo defender lo que nos resta de democracia, de libertades sociales, políticas y ecónomicas?  Como ciudadano, prepararse para participar en las próximas elecciones. Este grupo político llegó al poder en 2018, fundamentalmente por esos lastres de corrupción y desigualdad social, pero también por el abstencionismo.  Salir a votar será fundamental; podría ser la última vez. Nunca antes unas elecciones intermedias fueron ni serán tan importantes como las de 2021.

Las sociedades que han enfrentado a los autoritarios exitosamente lo han hecho con dos estrategias:

1) Hacer caso omiso de su discurso y narrativa de enfrentamiento y división; no seguir su linea argumentativa, pues seguir esa linea es fortalecer sus posturas. El autoritario solo se fortalece cuando encuentra un enemigo y más cuando ese supuesto enemigo le responde.

2) Esas sociedades no se han agrupado. Pareciera un contrasentido no unirse para ganar, pero así es: el discurso del autoritario es “qué bueno que ya se están uniendo los conservadores, los neoliberales”. Sí, es muy bueno, pero para él; no para los opositores. En la medida que se unan, será más fácil su anulación. Al autoritarismo se le enfrenta, en época no electoral, atomizándose, no uniéndose. Se le enfrenta con unidad de propósito y con atomización en la operación.

Las sociedades que han enfrentado a los autoritarios exitosamente lo han hecho con dos estrategias: Hacer caso omiso de su discurso y narrativa de enfrentamiento y división; y no seguir su linea argumentativa, pues seguir esa linea es fortalecer sus posturas.

El 2021 será un punto de inflexión en nuestra historia. Será un parteaguas. Es la oportunidad de mostrar la calidad ciudadana, no por los intereses egoístas mezquinos de quienes hoy gobiernan, sino de aquellos que se preocupan por un México que dice sí a la democracia y sí a las libertades. AN

Agustín Llamas Mendoza

@politicabierta

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