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Opinión

Sin demócratas

Por: Agustín Llamas Mendoza Swipe

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La democracia que no se compone de demócratas no es una democracia. Los sistemas políticos están constituidos, en lo fundamental, por dos elementos: reglas (instituciones) y actores (ciudadanos, políticos, empresarios, obreros, etc.). Un sistema puede tener las reglas o instituciones más democráticas que se quiera, pero si los actores tienen el perfil autoritario, ese sistema clasificado como democracia, solo se podría calificar como defectuoso.  

Recientemente, Latinobarómetro 2021 publicó su informe y en él destaca cómo ha crecido el autoritarismo en México. Ante la pregunta de si está usted de acuerdo en que la democracia es el mejor sistema de gobierno, pasamos del 63% en 2002 al 43% en 2020. Lo cual quiere decir, en otras palabras, que hoy en día el 57% de la población consideraría que la democracia no es el mejor sistema de gobierno. ¡Preocupante!

Hoy en día el 57% de la población en México consideraría que la democracia no es el mejor sistema de gobierno. ¡Preocupante!

Sin duda, preocupan esos resultados, pero también se explican multifactorialmente en la evolución de nuestro sistema económico, político y social. El haber reconcentrado, durante más de 70 años (1929-2000), las expectativas de mejoras sustanciales de desarrollo para toda la sociedad exclusivamente en la alternancia electoral fue un grave error. Hoy sabemos que contar con procesos electorales confiables, legales, transparentes y legítimos es importante en una democracia, pero esos procesos no bastan para la consolidación de un sistema democrático.

| Electorado autoritario

Se requieren elecciones confiables, pero también instituciones que garanticen libertades y derechos en el sistema. Una democracia puede tener elecciones, pero si todos los ciudadanos no son iguales ante la ley y existen grandes desigualdades económicas, entonces no tendremos una democracia plena. Una democracia que no da resultados está condenada a ser sustituida por cualquier otro sistema menos libre, más demagógico, más corrupto y autoritario.

Las banderas de campaña que usó el actual gobierno para llegar al poder fueron el combate a la corrupción y su machacante discurso de primero los pobres. Sin duda, el diagnóstico es y fue correcto. Leyeron adecuadamente la realidad: corrupción y desigualdad económica. Y, con esa narrativa, más una carga de resentimiento demagógico, autoritariamente han destruido las instituciones que sostenían nuestra democracia; sí defectuosa, pero democracia al fin. 

Se requieren elecciones confiables, pero también instituciones que garanticen libertades y derechos en el sistema.

Ese 57% de la población que no prefiere la democracia también votó en 2018 ¡y por la opción más autoritaria! Por ello, la llegada al poder de los autoritarios de hoy no solo se explica por la ausencia de un estado de derecho y por el deterioro económico, sino por un electorado que tiene un perfil autoritario y que elige no para hacerse corresponsable de su desarrollo, sino para que el candidato electo lo mantenga y lo llene de prebendas.

| Sin respeto a las reglas

El autoritarismo suele venir acompañado de corrupción e impunidad. El autoritario no respeta las reglas ni las instituciones; es inepto y soberbio. No son casuales los resultados del Índice global del estado de derecho 2021, del World Justice Project: México pasó del lugar 117 en 2019, al 135 en 2021, de 139 países. Los políticos de hoy no son corruptos porque mágicamente al cruzar la puerta del Congreso o al llegar a ser gobernantes se transformaron; lo son porque ya lo eran. La corrupción es un problema social y se manifiesta en la política y en la economía. Una sociedad autoritaria, vividora y corrupta por supuesto que siempre eligirá gobernantes autoritarios y corruptos.

El autoritarismo suele venir acompañado de corrupción e impunidad. El autoritario no respeta las reglas ni las instituciones; es inepto y soberbio.

La iniciativa de reforma eléctrica, recién presentada por el Ejecutivo, se votará en un sentido o en otro por parte de la oposición, y el sentido de ese voto será impulsado por el pasado y presente ético de esos legisladores. Votar a favor de una iniciativa que, a todas vistas, va contra la libertad, contra la competencia y contra el cosumidor es votar contra México y solo se explicaría el voto aprobatorio porque los actores responsables han traicionado al electorado que los puso donde están, y eso es corrupción.

Las acciones de quienes gobiernan hoy a nadie debieran sorprender. Esos actores toda su vida han tenido un perfil autoritario. En tres años han hecho mucho daño a la democracia, a las instituciones. Pero bueno es que ya pasaron tres años; lo malo, sin embargo, es que ¡aún faltan tres años! La esperanza para México está, en todo caso, en ese 43% de democrátas que hoy pueden defenderlo. AN

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