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Opinión

Suicidio democrático

Por: Agustín Llamas Mendoza Swipe

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Dicen que decía el llamado padre de la patria estadounidense John Adams, que las democracias nunca duran mucho y que acaban por suicidarse. Parecería que ese proceso de daño político autoinflingido lo estamos viviendo desde 2018 en México. Durante la administración actual se ha vuelto casi evidente lo que ya se percibía como peligro para nuestra democracia y por aquellos miembros de un movimiento populista y autoritario que hoy ejerce el poder intentando derrumbar todas las instituciones.

“Bajo una narrativa basada en la división social y en el enfrentamiento se esgrimen las legitimidades en las cuales este gobierno pretende construir una gobernabilidad autoritaria.”

Bajo una narrativa basada en la división social y en el enfrentamiento se esgrimen las legitimidades en las cuales este gobierno pretende construir una gobernabilidad autoritaria no considerando ni importándole la destrucción y degradación de nuestra incipiente democracia. Todas las mañanas quien debiera buscar la unidad nacional acusa, levanta falsos, maniqueamente manipula los hechos e inventa enemigos.

 

Siguiendo ese discurso se pretenden justificar políticas y reformas institucionales desde la narrativa de la legitimidad anterior (“el periodo neoliberal le hizo mucho daño al país”); la legitimidad exterior (“la globalización y el modelo neoliberal mundial está en crisis y es pernicioso”… “íbamos muy bien pero nos cayó el virus”); y la legitimidad interior (“todo contra los conservadores y los corruptos”).

“Todas las mañanas quien debiera buscar la unidad nacional acusa, levanta falsos, maniqueamente manipula los hechos e inventa enemigos.”

Toda la estrategia corre básicamente sobre dos correas de transmisión:  1) acumulación y reconcentración del poder económico, político y social en el Estado; y 2), la narrativa de “primero los pobres” y “todos contra la corrupción”. Cuando evidentemente sus acciones no solo no han aliviado la pobreza o han fortalecido el estado de derecho en nuestro país, sino que la caída brutal del PIB y el consecuente desempleo y la impunidad con la que goza la delincuencia han mostrado el fracaso de esta administración.

Basta destacar las miles de muertes ocasionadas fundamentalmente por la falta de previsión y criterios de eficacia en el sistema de salud desde meses antes de que llegara a México la epidemia. Sin estrategia y liderazgo para enfrentar la emergencia sanitaria el gobierno simplemente ha sido un espectador más, un vocero cotidiano donde todas las tardes muestra cifras que ya pocos especialistas les conceden veracidad.

 

Ciertamente nuestra democracia tiene carencias y debilidades, pero es lo que tenemos y debemos cuidarla e intentar corregirla y fortalecerla. Permitir la narrativa de la división, políticas y reformas institucionales de corte autoritario y usar el lenguaje de quien pretende dividirnos solo fomenta la degradación de nuestra democracia. En México sí existe oposición (partidos, gobernadores, grupos sociales, empresarios, ciudadanos, etc…) solo que no está articulada todavía, pero va en ese camino. Adicionalmente, algunos contrapesos todavía existen y relativamente han funcionado.

“La estrategia del gobierno corre sobre dos correas de transmisión: acumulación y reconcentración del poder económico, político y social en el Estado; y la narrativa de “primero los pobres” y “todos contra la corrupción”.

La construcción de una gobernabilidad autoritaria pasa por el perfil autoritario de los políticos, la ausencia o ineficacia de los contrapesos en el sistema, una narrativa de lucha de contrarios y de división social; y, sobre todo, la ausencia de liderazgo político.

El 2021 se presenta como una gran oportunidad para reordenar el sistema y poder seguir construyendo gobernabilidad democrática para la generación de valor político, económico y social para nuestro país. No permitamos el suicidio de nuestra democracia, con mayor participación política y mayor responsabilidad social se puede evitar. Decía Chesterton que a cada época la salva un puñado de mujeres y hombres que tienen el coraje de ser inactuales… AN

Agustín Llamas Mendoza

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