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El esclavo que desafió al emperador

Hace 20 años, Gladiador resucitó la pasión por todo un género.

Por: Luis Miguel Cruz Swipe

Si Ridley Scott es considerado uno de los grandes cineastas de la historia no es sólo por la calidad de sus mayores éxitos, sino porque ha aprovechado cada una de sus películas para innovar en los géneros en que incursiona. Estos esfuerzos suelen reconocerse en títulos como Alien (1979), Blade Runner (1982) e incluso Thelma & Louise (1991). Sin embargo, rara vez se considera en esta lista a Gladiador (2000), aun cuando marcó una de las mayores revoluciones cinematográficas de cara al siglo XXI.


La cinta rescató a la épica histórica que parecía muerta para siempre, no por falta de popularidad –recordemos que cintas como Ben-Hur (1959), Espartaco (1960) y Lawrence de Arabia (1962) han sido ovacionadas desde sus respectivos estrenos–, sino por los elevados costos de producción que la volvieron insostenible. El punto más dramático de esta tendencia llegó con Cleopatra (1963), que casi provoca la bancarrota de 20th Century Fox.

Consciente de que los viejos métodos no funcionarían, el británico aprovechó los jóvenes efectos CGI para la creación de multitudes y la recreación del Imperio Romano. La película es una franca evolución de lo visto en filmes como Forrest Gump (1994) y Titanic (1997), pioneras en demostrar que esta tecnología servía para más que sólo la inclusión de criaturas.

La cinta, protagonizada por Russell Crowe, resucitó al subgénero y pavimentó el surgimiento de toda clase de proyectos que abordaron los mitos de la antigüedad (Troya, Rey Arturo), la historia clásica (Alejandro Magno), la construcción de la unión americana (El Álamo) e incluso la novela gráfica (300). El propio Scott regresó para esta expansión con Cruzada, Robin Hood y Éxodo: Dioses y reyes, ninguna de las cuales igualó el éxito de su aventura romana. El proyecto también dio confianza a franquicias fantásticas sustentadas sobre bases épicas, como El señor de los anillos y Harry Potter, y se dice que inspiró la Batalla de Geonosis vista en Star Wars: El ataque de los clones (2002), que inicia en un coliseo galáctico.

| Cambio generacional

Gladiador también es recordada por impulsar las carreras de Russell Crowe y Joaquin Phoenix. El australiano ya era conocido tras su labor en Los Ángeles al desnudo (1997) y El informante (1999), pero su consolidación llegó con la mítica interpretación de Maximus Decimus Meridius, que le valió toda clase de reconocimientos, incluyendo el Óscar a Mejor actor. El segundo tuvo que conformarse con una nominación por su exquisita interpretación de Cómodo, pero demostró que lejos de un simple secundario de lujo, tenía potencial para colocarse entre los grandes talentos de toda la historia. La promesa se cumplió años más tarde con títulos como The Master (2012), Ella (2013) y, finalmente, Guasón (2019), que le dio por fin el merecido Óscar. Menos celebrado es el caso de Djimon Hounsou, quien ya había demostrado sus dotes en Amistad (1997), pero dio el paso decisivo como el noble Juba. Años después sería nominado al Óscar por Tierra de sueños (2004) y Diamante de sangre (2007).


Gladiador, por tanto, fue un semillero de talento, pero también despidió a leyendas del cine. Tal fue el caso de Richard Harris, cuya breve, pero decisiva interpretación de Marco Aurelio es vista como la penúltima gran actuación de su carrera, sólo por detrás de su papel como Albus Dumbledore. Mención aparte para Oliver Reed, quien falleciera poco antes de terminar su trabajo como Próximo, lo que obligó a una superposición digital de su rostro en un doble de cuerpo. No fue la primera película en hacerlo, pero la naturalidad lograda fue determinante para numerosos rejuvenecimientos y resurrecciones posteriores, como Tron: El legado (2010), Rogue One (2016) y El irlandés (2019).


| El regreso de los Campos Elíseos

El 20° aniversario de Gladiador llega acompañado de una enorme polémica, luego de que Ridley Scott anunciara su deseo de realizar una secuela que transcurra entre 25 y 30 años después de la cinta original. La idea incluye el retorno de Maximus, resucitado en el cuerpo de un guerrero moribundo, para reencontrarse con su hijo que finalmente no murió, sino que creció para convertirse en un ferviente religioso que le invita a luchar contra Lucius, sobrino de Cómodo, y sus falsos dioses.

El cineasta considera que el mayor obstáculo no recae en la naturaleza fantástica del proyecto, sino en el cambio de apariencia de Russell Crowe. Por su parte, la idea no termina de convencer a un público que no ve necesidad de arriesgar una película virtualmente perfecta y que cosechó uno de los legados cinematográficos más gloriosos de los últimos años.

El general que se convirtió en esclavo. El esclavo que se convirtió en gladiador. El gladiador que desafió a un emperador. Ahora la gente quiere saber cómo termina esta historia.

Difícil decirlo, pues la única certeza por ahora es que, tal y como dijera el protagonista, “lo que hacemos en vida tiene eco en la eternidad”.

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