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Flores para el melodrama mexicano

Manolo Caro se despide de la familia De La Mora y de La casa de las flores con una tercera temporada que viajará en el tiempo.

Por: Sebastián Valencia Swipe

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“Esto es rarísimo, y creo que nunca he hablado de ello”, nos confiesa por teléfono Manolo Caro, “pero llegué a estar invitado al congreso de psiquiatría de doctores a nivel nacional para hablar del fenómeno de La casa de las flores, de cómo la gente ha entendido que utilizar ansiolíticos te puede sacar del hoyo, pero que también te puede llevar a él”. Con esta anécdota, el director mexicano reflexiona, con un poco de sorpresa, sobre el impacto que ha tenido su serie La casa de las flores desde que estrenó en Netflix en 2018. Ahora, con la tercera –y última– temporada (y con otra serie para la misma plataforma en puerta), despide a la familia De la Mora y mira hacia atrás a lo que la hizo volar.


“La libertad”, responde Caro, cuando preguntamos qué es lo que más disfrutó de escribir la serie. “En La casa de las flores se permitía todo”. El show lo dejó muy claro desde su primer episodio, en el que se pudo ver a Virginia de la Mora (personaje interpretado por Verónica Castro, una de las grandes figuras de la muy conservadora televisión mexicana) fumando un porro de marihuana para calmarse después de descubrir la infidelidad de su marido. “Si un personaje de repente cantaba o volaba, podía ocurrir”, nos dice el director.


La casa de las flores fue muy bien recibida no sólo en México, sino también internacionalmente. “Pasé de ser un director mexicano que se conocía en mi país y ya, a tener la oportunidad de trabajar en otros lados”, reconoce el cineasta. La serie trató temas que generalmente han quedado fuera de la televisión mexicana popular, como los ansiolíticos, la homosexualidad, las personas transgénero, la infidelidad: todo enmarcado en las relaciones familiares. ¿Qué mejor arena que la familia tradicional y burguesa? Asimismo, el personaje de Cecilia Suárez, con todo y su particular inflexión de voz, se convirtió en el rostro de la serie. “Para ella, yo creo que el fenómeno de Paulina siempre estará presente en su carrera”, nos dice Caro.


La tercera temporada, además de continuar con la historia planteada hasta ahora, también funcionará como una precuela: viajará al pasado para descubrir el origen de los conflictos de la familia. Caro tomó esta decisión, en parte, porque consideraba que todavía había más que contar de Virginia después de la salida de Verónica Castro. En el avance se puede ver al personaje, interpretado en su juventud por la actriz Marcela Guirado. El director, además, confiesa tener un interés personal en ese tipo de recursos. “Como consumidor, me encanta cuando las series hacen eso. Me emociona muchísimo. Siempre me ha gustado cuando van a flashbacks, recuerdos o capítulos especiales”.

Las inquietudes personales siempre han marcado la obra de Caro, tanto en cine, como en teatro y ahora en televisión. La casa de las flores nació, por ejemplo, de su gusto por las telenovelas. El director creció viendo mucha televisión mexicana y considera a Carlos Olmos –guionista de Cuna de lobos– uno de sus escritores favoritos. “Al final, La casa de las flores es un melodrama, casi teleno- vela. Es una reinvención de la telenovela que tanto éxito le ha dado a este país, y que tanto se ha consumido y sentimos muy cercana”.


| LA ANTITELENOVELA

Según Manolo Caro, la telenovela mexicana ha sufrido una falta de actualización. Mientras la sociedad se ha transformado, los tópicos abordados y la representación en los contenidos televisivos no lo han hecho. “Sabíamos hacer muy bien el género, pero no lo supimos evolucionar en los temas que ahora realmente nos atañen”, señala. “Estos han cambiado, la sociedad ha cambiado. La casa de las flores retomó la esencia del melodrama y la telenovela, pero la trajo a problemáticas actuales”.


Darío Yazbek, quien interpreta a Julián de la Mora, enfatiza, por su parte, la relevancia del melodrama televisivo mexicano. “México es un país que vive en un melodrama constante. Creo que eso influye a las telenovelas y también ha sido influido por ellas, una especie de ósmosis entre las dos cosas”. Todo eso contribuyó al fenómeno de La casa de las flores. “De repente nos pasaba con papás o mamás de mis amigos”, cuenta Manolo. “Me decían ‘mi mamá está viendo La casa de las flores y está infartada con lo que está saliendo’ y luego me hablaban y me decían ‘ya se enganchó, está atacada de la risa’. Era un proyecto con el que te enojabas muy fácil, pero que te atrapaba igual de fácil”.


Aun así, el director está consciente de que una serie, aunque haya roto los moldes y se haya convertido en un fenómeno, no es suficiente para arreglar los problemas de diversidad a profundidad. Sin embargo, puede ser una puerta. “Hacemos entretenimiento. Y así como tiene toda esta parte que te acabo de platicar, no estamos curando la enfermedad de nadie. Esto es efímero y ahora estamos arriba, mañana estaremos abajo, y viceversa. Hay que disfrutar. Al final, La casa de las flores se va a acabar y lo único con lo que me que- daré es si me la pasé bien o mal en el set”.

A la tercera temporada también se unirán por primera vez Stephanie Salas, Rebecca Jones y Pedro Sola, en una historia que mantendrá la esencia, sin tapujos, que ha caracterizado a esta pro- ducción.

Tenemos que asumir la libertad hasta el final y defender nuestra idea, y hacerlo lo más congruente posible”, dice Caro, “que hasta el último día estés casado con tu idea y la defiendas. Ahora te puedo decir que al final del día todo pasó por algo, que lo que sucede muchas veces conviene y que estoy muy contento de haber contado la historia como pasó.

La casa de las flores se despide, pero Manolo Caro está casi listo para estrenar una nueva producción para la misma plataforma de streaming: Alguien tiene que morir. Ambientada en los años 50 y planeada para estrenarse en otoño, esta miniserie de tres episodios estará protagonizada por Carmen Maura, Cecilia Suárez –quien ha participado en casi todas las producciones de Caro– y el bailarín mexicano Isaac Hernández.

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