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El gobierno se va de viaje octubre 2, 2018 7 min.

La descentralización del gobierno federal, propuesta por el ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador, ha despertado enorme controversia, como era previsible y ocurre con muchas de sus iniciativas. No es para menos: la sola idea de exportar la mayoría de las secretarías de estado y dependencias públicas es algo muy atrevido en un país que durante décadas ha sostenido el presidencialismo y la administración centralizada. Que los secretarios de Estado despachen a cientos de kilómetros de las oficinas del presidente es difícil de asimilar, aun en una época de rápidos transportes y comunicaciones digitales.

López Obrador lanzó su idea en un video que grabó en Palenque el Día de Muertos. Dijo que la descentralización es acertada para el desarrollo económico y como forma de paliar la crisis económica y de seguridad, que en su visión están ligadas. Propuso “que haya crecimiento parejo en todos los estados de la república”, y citó la violencia en Guerrero, donde se asentará la secretaría de Salud. Además, ofreció “todas las facilidades a los trabajadores del Estado” y que nada se hará por la fuerza: “los vamos a convencer”.

En palabras de López Obrador, servirá para reactivar la economía y prometió a los trabajadores que sus condiciones de vida mejorarán y “tendrán créditos para la vivienda, jubilaciones anticipadas, aumento salarial, permuta de plazas”.

Las incógnitas impiden tomar decisiones

Lo que ha ocurrido nada más conocerse la novedad es una catarata de comentarios a favor y en contra, opiniones la mayoría de ellas sin mayor sustento, puesto que el proyecto no viene acompañado de los detalles, si es que existen. De esta manera resulta prematuro augurar los resultados. En principio saldrán de la Ciudad de México 27 dependencias federales, el proceso se llevará buena parte del sexenio, y el presupuesto estimado es de 127,000 millones de pesos. Las primeras en moverse serían la secretaría de Turismo, a Quintana Roo, y la de Medio Ambiente y Recursos Naturales a Yucatán; el probable secretario de Educación declaró que desde el inicio de su gestión se mudará a Puebla.

Las voces que apoyan la idea provienen sobre todo del frente morenista, al que se han sumado algunos industriales de la construcción y de otros sectores que podrían ser parte de los beneficiados por las nuevas necesidades del gobierno.

También la han respaldado futuros gobernadores, que recibirán con gusto las inversiones que acompañen el proceso de cambio. Los cuestionamientos, que son mayoría si se considera a los columnistas y representantes de partidos opositores, se refieren a cuestiones, sobre todo, de logística y presupuesto.

Algunas experiencias del pasado

Mover la administración pública de esta manera puede parecer una proeza porque no hay experiencias comparables o que tengan el tamaño de la que se ha propuesto. Solo hubo un intento en 1985, bastante menor y cuyas secuelas fueron la mudanza del INEGI a Aguascalientes y de Caminos y Puentes Federales (Capufe) a Cuernavaca. Estados Unidos, aunque concentra las secretarías de Estado y oficinas principales en Washington, tiene importantes agencias en otras localidades, sobre todo en el estado de Maryland.

En la experiencia internacional existen antecedentes que pueden utilizarse para mejorar las posibilidades de éxito, sobre todo si la descentralización va acompañada de mayor autonomía de decisión. Hay que destacar que la Ciudad de México, una de las más pobladas del mundo, no solamente es la sede de los poderes locales y federales, sino de buena parte del poder económico, corporativos empresariales, centros financieros, culturales y educativos, algo que la hace diferente.

En Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, Washington y Ottawa pueden describirse como pequeñas ciudades sin otro mérito que ser sedes gubernamentales y administrativas. Las bolsas de valores estadounidenses están en Nueva York y Chicago, y los polos económicos y financieros de Canadá están repartidos entre Toronto, Montreal y Vancouver. Se trata, además, de países con estructura federalista y con estados o provincias más independientes que los de México. Esta visión federalista les permite tomar decisiones en materia de salud, seguridad, empleo, medio ambiente, educación, etc., atribuciones de las que carecen en los gobernadores mexicanos. En México hasta las loterías y licencias para casinos son licencias federales.

Pero no hay indicios de que a la par de la descentralización administrativa vaya a gestarse una de tipo político, que regrese a los gobiernos locales poderes más amplios para resolver asuntos de interés e impacto local. La maniobra no parece incluir reducciones al poder presidencial, sino al contrario. Que la secretaría de Turismo se instale en Quintana Roo no facilitará la apertura de casinos en Cancún y destinos turísticos, como alguna vez se planteó.

El ejemplo clásico de Brasilia

El caso más exitoso que puede tomarse como referencia es la construcción y puesta en funcionamiento de la ciudad modelo de Brasilia, que se inauguró en 1960 después de cuatro años de planeación y que fue construida desde sus cimientos.

La nueva capital federal de Brasil, ubicada a cientos de kilómetros de grandes urbes como São Paulo y Río de Janeiro, tuvo el propósito de poblar y acelerar el desarrollo de los territorios interiores de ese país, que se había poblado sobre todo en las ciudades costeras. En sus inicios estuvo planeada para albergar medio millón de personas, sobre todo empleados estatales y sus familias, y en la actualidad tiene más de 1.5 millones en la zona central y sus suburbios. Brasilia ha sido reconocida como uno de los grandes esfuerzos urbanísticos y es de las pocas capitales planificadas de manera razonada desde su inicio.

Es el mismo caso de Canberra, la capital administrativa de Australia, que fue construida para albergar los poderes públicos e inaugurada en el año de 1927 con la instalación del primer ministro. Esta ciudad también creció más allá de los planes iniciales, lo que muestra los limitados alcances que puede tener la planeación, si no se respetan los lineamientos originales.

Aun considerando estos casos, la gran diferencia con la propuesta de López Obrador es que ahí se crearon ciudades nuevas, como un gran campus para concentrar la administración, y en México lo que se está proyectando es el desplazamiento de oficinas a ciudades que quizá no tengan o tarden muchos años en crear la infraestructura y condiciones para recibir a sus miles de nuevos vecinos. No hay concentración y cercanía, sino dispersión y distanciamiento.

Descentralización en puerta

  1. En principio saldrán de Ciudad de México 27 dependencias federales
  2. Las primeras en moverse serán las secretarías de Turismo y Medio Ambiente
  3. Solo hubo un intento de descentralización en 1985, bastante menor

Oportunidades para las empresas

De inicio, el sector empresarial no se ha manifestado a favor o en contra de esta compleja iniciativa, y es previsible que sus posiciones se definan a medida que se conozcan los detalles, la logística y las condiciones en que operarán las nuevas sedes. Tomando en cuenta que muchos trámites y asuntos rutinarios ya se realizan en forma electrónica, y con la posibilidad de que más procesos puedan automatizarse y resolverse de manera remota, es posible pensar que los consultores y empresarios no deberán desplazarse necesariamente a las nuevas sedes de las diferentes dependencias.

De todas maneras, deberá pensarse en oficinas de enlace como las que tienen en la capital algunos gobiernos estatales. Es un hecho que, de ejecutarse, esta propuesta demandará grandes esfuerzos tanto del sector público como del privado. Será la oportunidad para inversiones en desarrollos inmobiliarios, vivienda, salud, educación, transporte e infraestructura, con una derrama importante de recursos y el beneficio de abatir el desempleo, mejorar las condiciones de vida y combatir la inseguridad y la violencia.

La mudanza de las secretarías representa una oportunidad para que los grandes corporativos y las empresas pequeñas y medianas, bancos, consultoras y demás participantes de la economía, puedan instalarse en las localidades que más les convengan, como ocurre en Estados Unidos y otros países desarrollados, donde las industrias operan de forma descentralizada y autosuficiente en ciudades medianas y grandes.

Es poco probable que un empresario del estados de Florida o Kansas deba hacer trámites de rutina en una oficina en Washington. Y si todo se hace bien en México, los desarrolladores de Tamaulipas o Veracruz no tendrán que ir a Mérida por algún registro de impacto ambiental. A menos que se les antoje terminar la jornada en los bajos del Palacio Municipal, donde los lunes se bailan las tradicionales jaranas y se reciban las famosas bombas, que son siempre poéticas.

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