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FOODTECH CON SENTIDO: EL CIELO ES EL LÍMITE

Los alimentos son un área de innovación, desarrollo tecnológico y emprendimiento con inmensa capacidad de impactar positivamente a la sociedad y al medio ambiente.

Por: Rodrigo Villar Swipe

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Imaginemos una imitación vegetal de costillas de cerdo BBQ que incluyesen hasta huesos de plástico o celulosa, listas para prepararse en minutos en microondas, y que, además, lleven un sello de “100% saludables y ecológicas” y “100% libres de proteína animal”. Incluso podríamos pensar en un proceso con impresión 3D para multiplicar su producción. Es muy probable que estuviéramos ante un prodigio técnico con gran potencial comercial, pero algo esencial falta ahí.

Ante un concepto con tantas referencias como foodtech es fácil perder la perspectiva si no hay un para qué, cuestión que hace toda la diferencia en el desarrollo tecnológico, en general, y más en un campo como éste, en este momento.

Difícil encontrar un área de innovación, desarrollo tecnológico y emprendimiento con tal capacidad de impactar positivamente a la sociedad y al medio ambiente con el cambio de prácticas productivas, de distribución y consumo.

Rodrigo Villar es Socio fundador de New Ventures México y Adobe Capital.

Puedes contactarlo en Twitter en: @rorrovillar


Sin embargo, hacia 2050 necesitaremos producir 60% más de alimentos para alimentar a una población mundial superior a los 9,300 millones, según estimaciones de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Todo eso está en la base de la promesa del foodtech, no acotado la innovación para la productividad a secas, el rendimiento financiero sin resultado socioambiental o la sofisticación tecnológica por sí misma, sin el para qué: salud, seguridad alimentaria, cuidado del medio ambiente, mitigación del cambio climático y adaptación a sus efectos, superación de la marginación rural.


Trabajar con esos propósitos desde la concepción, más que limitante, propicia y reproduce el desarrollo exponencial. Las tendencias en la materia lo prueban, y detrás hay inversiones por 28,800 millones de dólares de capital de riesgo canalizado al sector solo 2021, 85% más que en 2020, de acuerdo con PitchBook.

Desde el agtech, para incrementar la productividad y la sostenibilidad agrícola. Por ejemplo, con sensores y drones para monitoreo de cultivos y clima, software de gestión con soporte de big data e inteligencia artificial para la toma de decisiones, soluciones de gestión de agua con tecnologías como hidroponía, así como fertilizantes más efectivos y sustentables.

Y de ahí al cielo: desde cosechas verticales hasta nuevas actividades como cría de insectos y todo lo que hay alrededor de cosechas con semillas y variedades mejoradas, adaptables, por ejemplo, a las sequías y demás cambios que vendrán.


Igual en el procesamiento de alimentos, con innovación lo mismo en nuevos ingredientes, sabores, economía circular, impresión 3D hasta la polémica, pero revolucionaria experimentación genética y también la robótica. A la par, se multiplican las avenidas de desarrollo en la gestión de excedentes y residuos, desde aplicaciones para el hogar a la disminución de desperdicios y redistribución de sobrantes de restaurantes.

Hay una tela por cortar al parecer infinita en la forma como nos llega la comida. Lo mismo servicios de entrega directa bajo demanda, por ejemplo, de productores locales (farm to table) que comidas listas para comer y suscripciones a canastas de restaurantes, con participación de las famosas dark kitchens.


Es amplísima el área de desarrollo para aplicaciones de nutrición y recetas. Campo fértil para chefs, amas de casa con tiempo para cocinar y tener ingresos adicionales, pueblos que elaboran alimentos únicos, desarrolladores de plataformas minoristas o de dietas personalizadas, soportadas por inteligencia artificial y con uso de información del ADN de cada uno.

Otra de las vertientes más prometedoras son los sistemas de trazabilidad a todo lo largo de las cadenas de suministro, con rastreo de la granja al hogar, gracias a tecnologías como blockchain, inteligencia de datos, códigos de información, sensores y tecnología óptica y de láser. Así puede verificarse la inocuidad, la frescura, certificaciones orgánicas o de trabajo justo en la producción.


Desde electrodomésticos y software de cocina inteligentes para hogares y restaurantes con Internet de las Cosas y machine learning hasta alimentos que parecen ciencia ficción, pero están más cerca de lo que pensamos: carne y pescado de cultivos celulares, proteínas alternativas de plantas, insectos, hongos y algas, adaptógenos o recetas con base en plantas para ayudar al cuerpo a resistir el estrés o nootrópicos para la memoria y potenciadores cognitivos.

De carne vegetal a proteína producida literalmente a partir del aire, como la que ya produce la startup Air Protein: cultivos con base en elementos del aire puro –dióxido de carbono, oxígeno y nitrógeno, más energía renovable y agua– nutridos con fórmulas con la misma procedencia, como el yogur, el vino o el queso. Así puede producir una harina proteínica con perfil similar a la animal, con más nutrientes y aminoácidos que la proteína de soya, y en el proceso, en vez de emitir CO2, absorberlo.

Claramente, en todo ello, la orientación social, ambiental y para cubrir la demanda creciente de alimentos a un costo adecuado, lejos de limitar el desarrollo tecnológico, lo está llevando a cotas que hasta hace poco hubieran parecido inverosímiles. México y América Latina tienen todo para ser potencias en este camino. Hay que empezar por creérnoslo.

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