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Big bang de la inversión de impacto

Se requieren soluciones efectivas para ayudar en una necesidad o algún problema, y que, en vez de costar, dejen ganancias para ayudar a más.

Por: Rodrigo Villar Swipe

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Si ya antes del COVID-19 era patente la urgencia de nuevos modelos de crecimiento, negocios e inversión que estén en sintonía con los grandes desafíos de la humanidad, ahora esa necesidad se torna crítica, y más aun en regiones como América Latina.

La coyuntura no sólo se presta para un big bang de la inversión de impacto: es preciso que ocurra.


Sobre los retos formidables que ya arrastrábamos, como el cambio climático y las graves carencias de millones de personas, se monta una crisis que provocará que 150 millones pasen a la pobreza extrema.

Por otro lado, hay capital disponible, tasas de interés históricamente bajas y, sobre todo, mayor conciencia e incluso presión en el sector de las inversiones para fondear proyectos y empresas que cumplan con los dos principios simbióticos de este vehículo de inversión: generar valor agregado financiero al generar valor agregado socioambiental. Ganancias con cambio y beneficio social.

La inversión de impacto implica un efecto ambiental o social positivo y medible, manteniendo el retorno financiero, como lograr que un porcentaje de niños de una zona marginada completen el bachillerato y que, de éste, un número específico ingrese a estudios universitarios. En cambio, el enfoque ESG tiene mucho de enfoque preventivo: identificar riesgos no financieros que pueden afectar el valor o el rendimiento de un activo: por ejemplo, una compañía que invierte en la mitigación de emisiones de efecto invernadero, y así conjura eventuales costos  regulatorios, impositivos o por boicots de consumidores conscientes.


Desde mi punto de vista, todas las empresas y emprendedores tendrían que estar pensando en ser negocios de impacto o ESG a corto o mediano plazos. No sólo es una oportunidad, sino condición de sustentabilidad propia.

Lo incluyó el capitalismo para adaptarse y sobrevivir a los cambios disruptivos presentes y futuros. No por nada casi todos los días salen nuevas noticias con ese sentido, y la pandemia aceleró la tendencia. Por ejemplo, una encuesta patrocinada por el banco Barclays acaba de encontrar que los inversionistas con mayor patrimonio aumentarán sus posiciones en este instrumento de 20% de su cartera en 2019 a cerca de 40% en 2021.


Inversión necesaria

Hay un problema: aunque este tipo de inversiones crecen en nuestra región, no lo hacen con ese ritmo ni de lejos, a pesar de que lo necesitamos más y que, en teoría, a más problemas y necesidades, tendríamos que generar más proyectos y soluciones de este tipo.

Con la pandemia, recesión económica y un recrudecimiento de la conflictividad política, si no nos ponemos las pilas, incluso puede darse un fenómeno desinversión.


El panorama es de claroscuros: el claro riesgo de retrocesos sociales, pero también áreas de oportunidad como precisamente este mecanismo para activar el gran potencial de la iniciativa individual y social, sin necesidad de sentarnos como espectadores a ver las promesas de gobiernos y políticos.

En este modelo puede haber soluciones para avanzar en todos los problemas sociales y ambientales aquí y ahora. De entrada, puede hacer la diferencia al romper la frustración por la parálisis ante tantos problemas.


Lo mismo aplica para salvar un lago o a una especie marina que para combatir las noticias falsas y la polarización social. Para que niños y jóvenes de zonas marginadas no se atrasen en sus estudios por la interrupción de las clases presenciales o para fondear a pequeños negocios en peligro de desaparecer.

Para salvar ese lago puede hacer la diferencia un modelo alternativo de turismo o de producción local sustentable, o bien campañas de mercadotecnia verde. Contra el encono social urgen apps o sistemas de curaduría editorial y alertas contra la manipulación, la desinformación y la intolerancia en las redes sociales.


El crowdfunding y la innovación en blockchain e Inteligencia Artificial para microfinanzas pueden hacer que fluyan recursos de todo el mundo a proyectos productivos comunitarios en todos los rincones, a medida que se recortan las brechas de acceso digital.

En todos esos casos el retorno a la inversión es perfectamente factible y, de hecho, habilitador para que las cosas sucedan. Y no son utopías.


Un ejemplo: en áreas suburbanas marginadas de nuestros países la gente suele pagar más por un servicio tan básico como el agua que el costo en zonas residenciales afluentes, pues tiene que llegarle por pipas o bajo prácticas plagadas de ineficiencia y corrupción.

Emprendimientos de impacto han logrado en un año lo que los políticos venían prometiendo desde hacía décadas, con ahorros para las familias y ganancias para los inversionistas que financiaron la infraestructura. No es el hilo negro: es la fórmula de la base de la pirámide descrita por el economista C.K. Prahalad desde 2004.

Con este horizonte, la innovación socioambiental puede y debe ser la nueva ola de crecimiento en las inversiones: tomando la estafeta de la revolución digital, la revolución de impacto. Por eso la insistencia en el llamado: es ahora o nunca. ¡Se buscan emprendedores!


Hay financiamiento disponible, incluyendo para proyectos en fase temprana o de idea, a través de convocatorias y programas de incubación y aceleración especializados, como los que operamos en New Ventures en la región, o lo que hacen en varios países colegas como i3, Socialab, Agora, Unreasonable Institute, Village Capital, Sensecube, Inicia, Mayma, Njambre, NESsT, CoLab o Alto Impacto.

Pero lo primero es el proyecto de impacto: el big bang de soluciones efectivas para ayudar en una necesidad o algún problema, y que, en vez de costar, dejen ganancias para ayudar aun más.

 

Rodrigo Villar es Socio fundador de New Ventures México y Adobe Capital.

Puedes contactarlo en Twitter en: @rorrovillar

 

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