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Opinión

EMPRENDEDORES SAMARITANOS: ¡BARKA!

El sentido de empatía es la característica de los emprendedores de alto impacto con perspectiva social ambiental.

Por: Rodrigo Villar Swipe

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El emprendedor de alto impacto con perspectiva social y ambiental comparte las características sobresalientes del emprendedor en general. Lo que lo distingue, casi como seña de identidad, es el sentido de empatía.

Ese es el complemento del ADN genérico del emprendimiento: visión e innovación, pero llevadas con pragmatismo; motivación y coraje para superar el miedo a fracasar o equivocarse; capacidad de organización y constancia, pero con versatilidad para desplegar distintas funciones y resiliencia ante cambios e imprevistos; fuerza persuasiva para convencer, formar equipos comprometidos y seguir adelante a pesar de las caídas, los rechazos y los golpes. Todo eso más el catalizador de detectar y entender necesidades y oportunidades.


El concepto de empatía, como la entendemos hoy, lo desarrollaron psicólogos de la primera mitad del siglo XX al estudiar la vinculación entre el desarrollo cognitivo y las relaciones sociales. El psicoterapeuta alemán Alfred Adler la definió como ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro y sentir con el corazón de otro”. Más interesante aún: surgió de una idea del romanticismo alemán: einfühlung, algo así como la fusión, al interior del alma del artista, de aquello que contempla o evoca; como la huella que le queda al interiorizarlo.

Pero si bien es una palabra de reciente acuñación, como sentimiento puede ser tan antiguo como los orígenes del Homo Sapiens, y quizá compartida originariamente, en su forma instintiva, con otras especies. Un ideal que está detrás de algunas de las mejores obras de la historia humana, incluyendo la Parábola del Buen Samaritano de Jesús.


Un hombre es robado y dejado herido en el camino. Pasan varias personas, sin detenerse a ayudarle, absortas en sus propios asuntos. Hasta que llega un forastero quien, a pesar de encontrarse en tierra hostil, hace de la desgracia del otro, que el destino le puso delante como al azar, un asunto personal. No hace una evaluación de riesgos o de dificultades y tiempos: responde de inmediato, cuando se necesita.

Es una historia de compasión, generosidad y compromiso: la fórmula simple, pero potencialmente revolucionaria, de los emprendedores empáticos. No sólo detectan las necesidades de otros; las hacen suyas porque se sienten parte de algo que los trasciende e incluso ven como responsabilidad personal: su comunidad, el planeta, los demás, así sea una sola persona o las próximas generaciones.


El canadiense David Bronstein, uno de los periodistas que más han contribuido para la comprensión y la difusión de la innovación social, ha resaltado el ejemplo maravilloso de la Fundación Barka, iniciada por Bárbara y Tomasz Sadowski (qepd), pareja de psicólogos polacos que dedicaron su vida a ayudar al tipo de personas que muchos califican como “indeseables” o “fracasados”, gente que queda en el camino, como ex presidiarios, indigentes, adictos, seres humanos atrapados en la exclusión social.

Bronstein contó esto en una conferencia que luego fue publicada en formato de libro por la organización Ashoka: “Tomas Sadowski, el fundador de Barka, comenzó su labor invitando a 20 personas sin techo a vivir con él, su esposa Bárbara y su bebita, Eva, en una escuela rural restaurada. Cuando le pregunté a Tomasz por qué había dado ese paso, respondió:


Barka significa bote salvavidas en polaco, pero los responsables de la fundación, que hoy gestiona una red de decenas de albergues con un sistema sorprendentemente efectivo para que personas marginadas reconstruyan a sí mismas sus vidas, se encontraron con otro significado sorprendentemente coincidente: en Burkina Faso se usa para expresar un agradecimiento tan grande que resulta una bendición tanto para el que lo da como para quien lo recibe.

La experiencia de Sadowski es común en los emprendedores sociales de alto impacto. Como en el caso de Muhammad Yunus, padre del concepto de microcrédito para los más pobres, quien fue impactado por una hambruna en Bangladesh, a fines de los años 70. La historia es conocida: su iniciativa ayudó a millones en su país a través del Banco Grameen y luego a cientos de millones por la adopción del modelo en todo el mundo.


Tengo la convicción de que la empatía también es el motor que impulsó a Bill Drayton a levantar una organización como Ashoka, que desde 1981 ha detectado y respaldado a miles de emprendedores sociales de alto impacto de todo el mundo.

Es lo que hemos encontrado en New Ventures en cada una de las innovadoras e innovadores sociales con los que hemos trabajado, a todos los cuales admiramos porque, como el buen samaritano, no pasaron de largo ante la necesidad de otros. No se quedaron esperando a ver qué hacen los políticos y gobernantes.


Por ejemplo, Salauno, para que gente con afecciones oculares curables pueda cambiar su vida; Iluméxico, electricidad con tecnología renovable para las aldeas más apartadas y olvidadas; Sinba, de Perú, con su fórmula revolucionaria para manejar la basura; Rayito de Luna, con sus productos de cuidado personal naturales; La Cana, que trabaja con mujeres en prisión para que sean económicamente autosuficientes. Tantos otros.

A todos ellos: ¡Barka!

Rodrigo Villar es Socio fundador de New Ventures México y Adobe Capital.

Puedes contactarlo en Twitter en: @rorrovillar

 

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