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Opinión

Haz crecer a tu empresa como un revolucionario social

Antes de buscar cuánto quieres vender, pregúntate en qué necesidades y problemas puedes ejercer un impacto positivo.

Por: Rodrigo Villar Swipe

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En el sector de la inversión de impacto, donde la obtención de beneficios económicos está atada al objetivo de generar beneficios sociales o ambientales específicos, buscamos el crecimiento tanto como se le persigue en los negocios tradicionales. Sin embargo, usamos cada vez más el concepto de escalabilidad. Es más preciso para hablar de niveles de impacto en términos de causas y no sólo de ventas.

Por ejemplo, en una fintech dedicada a financiar a empresarias de zonas marginadas con soluciones de crowdsourcing o blockchain, crecimiento de impacto significa mucho más que multiplicar la colocación de créditos y aportaciones de inversionistas. Además del interés en que esos pequeños negocios prosperen, se busca incidir en temas como equidad de género o en la regeneración del tejido social de sus comunidades.

Escalabilidad de impacto es que esa experiencia exitosa de empoderamiento de las mujeres y desarrollo comunitario en un barrio o región se replique en otros barrios y, de ser posible, en todas las regiones con rezagos de desarrollo, en todos los países y el mundo entero. Donde quiera que se necesite. Lo mismo aplica, por poner otro caso, para frenar el deterioro ambiental.


¿Qué es la inversión de impacto?

La inversión de impacto es la que intencionalmente se dirige a resolver problemas sociales o ambientales optimizando el riesgo y el rendimiento financiero, así como el impacto. Lo hace a través de la medición de resultados de objetivos sociales, ambientales y financieros específicos.


Áreas de oportunidad

Recién leía una nota de que los famosos siete tonos azules de la laguna de Bacalar, uno de los lugares más hermosos de México, con el arrecife bacteriano de agua dulce más grande del mundo, se están tornando verdosos como efecto de la contaminación.

Lo primero que pensé fue que, además de la intervención urgente de las autoridades, ahí, como en tantos lugares extraordinarios presionados por actividades realizadas de maneras no sustentables, hay áreas de oportunidad extraordinarias para emprendedores e inversionistas de impacto, para aplicar a un problema, un modelo diferente de crecimiento.


Otro frente, sobre el que hoy deberíamos ser particularmente receptivos: desde hace años, epidemiólogos y científicos de distintas ramas alertaban de mayores riesgos de pandemias, entre otras razones por la proliferación de sistemas de producción masivos de pollos o cerdos, que facilitan la transmisión de microorganismos entre especies, pero también por la destrucción de hábitats y, con ello, la liberación de patógenos con los que no hemos estado en contacto.

Claramente, hace falta crecimiento, pero no puede ser igual al que nos trajo a esta situación.

Las oportunidades saltan a la vista para quien está dispuesto a cambiar de chip. Aunque, a fin de cuentas, se basan en el mismo principio del emprendimiento exitoso en general: detectar necesidades y cubrirlas con soluciones innovadoras y efectivas. Lo mismo se requiere para salvar al mundo, y no hablo de sueños utópicos.


Empresas que cambian al mundo

Chequen cómo reporta su desempeño Tesla. Fundada apenas en 2003, ya rebasó a Toyota en capitalización de mercado este año y está a punto de sumarse al S&P 500. Esto no puede entenderse sin lo oportuno que fue desde su origen su modelo de negocio, en la era del cambio climático. En su último informe de impacto revela que 550,000 de sus vehículos eléctricos en circulación se traducen en un ahorro de 4 millones de toneladas métricas de CO2 para el planeta. Y en su página de Internet puedes ver un mapamundi con un contador en tiempo real de cómo ese indicador evoluciona, segundo a segundo, en la medida que crece la empresa.

Inversionistas como Nancy Pfund, de DBL Partners, tuvieron una intuición correcta y la mantuvieron en los tiempos de crisis económica del 2008, cuando casi nadie creía que una apuesta como la de Elon Musk era viable. En entrevistas, ha hablado de lo que la atrajo entonces y ahora buscan muchos inversionistas más, ya con mayor evidencia de que funciona: una pasión emprendedora doble, para construir empresas de rápido crecimiento y cambiar al mundo.

En una compañía que adopta el enfoque ESG (ambiental social, gobernanza), el crecimiento no debe darse con menoscabo de su entorno. Eso está muy bien, pero el sector de impacto, además, se busca proactivamente generar valor incremental en ese sentido.


¿Buscas capital?

La clave no está –o no solo– en la tasa de ganancia que prometas, sino en la contribución concreta causas trascendentes, como rendimiento de la inversión. Por eso no es casual que una de las áreas de mayor desarrollo de este sector o movimiento sea la sistematización y esfuerzos de homologación de métricas objetivas de impacto social y ambiental.


El mercado de inversión de impacto representa US$228,1000 millones de activos en administración.

Fuente: Reporte Global Impact Investing Network 2018

Transformar vidas

Un caso de escalabilidad que le gusta dar a Sir Ronald Cohen, a quien muchos consideramos el padre de la inversión de impacto, es la startup israelí OrCam y su dispositivo de “visión artificial”. Con soporte de IA, colocado en unas gafas, puede leerte al oído, en varios idiomas, una página de internet, un libro, mensajes de texto, letreros en la calle. Diseñada originalmente para personas con ceguera o problemas visuales, la proyección de beneficiarios asciende a 300 millones de seres humanos. Algo revolucionario, pero lo fantástico es que podía hacer mucho más.

En el enfoque de crecimiento de impacto, la pregunta correcta es: ¿cómo puedo ayudar más con mi producto o tecnología? Así dieron con otra pregunta con capacidad igualmente revolucionaria: ¿Y si le damos unos lentes de estos a toda la población analfabeta del mundo? De repente, el mercado potencial y universo de impacto escaló a 1,100 millones de personas. Y sólo como inicio, porque lo mejor es lo que el invento haría en las vidas de esas personas y para el mundo.

Es un buen principio para pensar en cómo hacer crecer tu negocio. Hazte ese tipo de preguntas. Back to basics: antes de cuánto quieres vender, en qué necesidades y problemas puedes ejercer un impacto positivo.

 

Rodrigo Villar es Socio fundador de New Ventures México y Adobe Capital.

Puedes contactarlo en Twitter en: @rorrovillar

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