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CIUDADES INTELIGENTES

La tormenta que se avecina

A medida que las lluvias aumentan, los sistemas de transporte subterráneo del mundo se ven rebasados, revelando que no están preparados para prevenir las inundaciones. ¿Qué alternativas hay?

Por: Fernanda Kuri Swipe

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El tren subterráneo de Zhengzhou, una ciudad de cinco millones de habitantes en el centro de China, se acercaba a su próxima estación cuando las vías comenzaron a inundarse.

Los pasajeros se apiñaron hacia delante mientras el agua subía, sumergiendo primero los vagones traseros porque estaban más profundamente en el túnel.

Cuando el agua les llegó a la cintura, luego al pecho y finalmente al cuello, los pasajeros llamaron a los servicios de emergencia o a sus familiares. Después de dos horas, se hizo difícil respirar el poco aire que quedaba y una docena perdió la vida trágicamente.

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Aunque las inundaciones son comunes en China, los investigadores han atribuido los diluvios que azotan al planeta a las consecuencias del cambio climático.

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|También este verano, se registraron desbordamientos sin precedentes en el metro de Nueva York y el de Londres:

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los sistemas de transporte subterráneo del mundo batallan para adaptarse a las condiciones meteorológicas extremas.

Sus diseños, muchos de ellos basados en las circunstancias de otra época, están siendo rebasados, pero incluso algunos de los sistemas más nuevos —el de Zhengzhou no tiene ni una década— pueden colapsar.

El transporte público desempeña un papel fundamental en la reducción de los desplazamientos en auto en las grandes ciudades y disminuye las emisiones que contribuyen al calentamiento global.

▗ En la Ciudad de México, la falta de alternativas de transporte seguras y económicas ha hecho a los usuarios del metro resilientes ante las constantes inundaciones. Pero si los viajeros empiezan a rechazar el metro para favorecer los vehículos particulares, los expertos en transporte sugieren que esto podría tener importantes repercusiones en la contaminación atmosférica urbana y las emisiones de gases de efecto invernadero.

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 Los acontecimientos recientes se producen después de décadas de indiferencia ante la ciencia. A medida que los gases de efecto invernadero calientan la atmósfera, el aire puede contener un 7% más de vapor de agua por cada grado Celsius que incrementa la temperatura.

Cuando el aire se enfría rápidamente, el vapor se convierte en gotas que se unen para formar lluvias intensas, que pueden causar inundaciones repentinas o desbordar ríos y represas, si son moderadas, pero se prolongan por varios días.

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Los países que han lidiado con niveles altos de agua históricamente han tenido tiempo de adaptarse, a diferencia de aquellos que eran más secos. Además, los países de bajos ingresos con infraestructuras deficientes pueden estar menos equipados para prevenir los desastres.

El alza de la temperatura también está derritiendo los casquetes polares, lo que representa una amenaza importante para los pueblos y las ciudades costeras. La Antártida ha perdido alrededor de 3 mil millones de toneladas de hielo en los últimos 25 años, lo que ha provocado que los mares globales se eleven 8 milímetros.

En el año 2100,
el nivel del mar
subirá un metro.

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▗  Reacondicionar el sistema de transporte subterráneo contra las inundaciones es una tarea de titanes, pero el costo de no hacer nada suele ser más elevado.

El metro se va a inundar por la simple razón de que está bajo tierra, pero algunas ciudades están realizando acciones para readaptarlo a las exigencias del clima.

| En Nueva York, la Autoridad Metropolitana de Transporte ha invertido 2,600 millones de dólares en proyectos de resiliencia desde que el huracán Sandy inundó la red de metro en 2012, lo que incluye el reforzamiento de 3,500 ductos de ventilación del metro, escaleras y conductos de elevadores.

Casi 53 millones de litros de agua son extraídos del sistema en un día seco —el equivalente a 20 albercas olímpicas—, sin embargo, las inundaciones recientes demuestran que sigue siendo vulnerable.

Sin duda, trabajar dentro de las limitaciones de una ciudad con una infraestructura envejecida es un reto.

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Los ciudadanos de Taipéi en Taiwán están acostumbrados al clima severo asociado con los tifones, que el país experimenta en promedio de tres a cuatro veces al año.

▗ Para protegerse, hace tiempo que las entradas a las estaciones se han elevado entre 60 y 120 centímetros por encima del nivel del suelo adyacente, y se ha ordenado la instalación de compuertas y estructuras de control de inundaciones a lo largo del río. Aun así, casi un centenar de personas perdieron la vida en el tifón de 2001.

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Japón ha decidido luchar contra las inundaciones con una monumental construcción subterránea pensada para redistribuir el agua.

Cuando un río pequeño o mediano del norte de Tokio se desborda, el agua sobrante cae sobre los canales que se han construido y va a parar a uno de los cinco tanques cilíndricos de 70 metros de altura construidos para ello: una vez ahí, llegan a la “catedral” que lleva el agua hasta el río Edo gracias a las 78 bombas con las que cuenta.

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Pese a su probada eficacia, el futuro aún es incierto ante los muchos desafíos que plantea el calentamiento global.

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Algunos expertos sugieren un enfoque diferente. Con las inundaciones extremas que se avecinan, proteger el metro todo el tiempo será imposible.

En su lugar, es necesario invertir en trenes ligeros, autobuses y carriles de bicicleta que puedan servir como modos alternativos de transporte público cuando el metro se inunde.

No solo están menos expuestos a las inundaciones, sino que también son más baratos de construir y más fáciles de acceder.

| Las defensas naturales también podrían servir de alivio. La ciudad holandesa de Rotterdam ha cultivado plantas a lo largo de las rutas de sus tranvías, lo que permite que el agua de lluvia sea absorbida por el suelo y reduce el calor.

Quizás es momento
de volver a las raíces.
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