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15 destinos para redescubrir México

Aquí te ofrecemos 15 proyectos de turismo comunitario en los que el éxito no es más que una lucha continua que incluye mucho trabajo, la colaboración de los viajeros, y cierta esperanza compartida de que un futuro luminoso sólo se logra en equilibrio con el entorno.

Por: Arturo Torres Landa Swipe

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A solo dos horas de Mazatlán se localiza el ejido de El Palmito, donde se puede tener un encuentro con el verdor y frescura de la Sierra Madre Occidental, así como con la vida animal que en ella palpita: más de 130 variedades de aves llaman a estas montañas su hogar, pero entre todas destaca la chara pinta por su bonito plumaje y naturaleza endémica; de la importancia de su preservación están bien enterados los pobladores, quienes en 2005 impulsaron la designación de más de 5000 hectáreas de terreno ejidal como reserva natural.

Para seguirle la pista a este elusivo pájaro se puede rentar una o varias noches en las cabañas ecoturísticas del ejido, de donde también parten los recorridos por el bosque de encino para divisar otros emplumados, mojarse en arroyuelos de temporada o sencillamente ver el sol posarse tras los acantilados.



Su nombre en lengua hñahñú delata la fuerte presencia del pueblo otomí en este sitio, establecido al norte de Ixmiquilpan, en pleno Valle del Mezquital.

Por hallarse justo entre las estribaciones de la sierra y la aridez de esta planicie, El Banxú cuenta con una gran diversidad de paisajes naturales que van del bosque de coníferas al matorral. De modo que no resulta extraño que los vecinos de esta comunidad hayan decidido abrir un parque ecoturístico con el mismo nombre de pueblo, en el cual se puede realizar bicicleta de montaña, pernoctar en zonas de acampado y hacer senderismo. Por si fuera poco, en El Banxú tienen también talleres sobre medicina tradicional indígena y elaboración de pulque, e incluso se imparten clases sobre lengua hñahñú



“Nuestra casa” es lo que significa en náhuatl el nombre de este centro ecoturístico, manejado por familias indígenas dedicadas a recolección de café. Organizados como cooperativa, los constructores de Tosepan Kali iniciaron su construcción en 2004 con el objetivo de compartir con los viajeros la forma en que las comunidades nativas de la Sierra Norte de Puebla se organizan y aprovechan los recursos naturales de forma sostenible.

Las nueve cabañas que lo conforman están construidas casi completamente con bambú o tarro —como conocen a esta planta en la región—, todas con espléndidas panorámicas de las montañas cubiertas por vegetación. Desde luego, la estancia en Tosepan Kali no está completa si no se realiza una ruta que contemple visitar los talleres de apicultura o las parcelas de cultivo de canela. De esta forma los viajeros podrán valorar la ardua labor que implica llevar los alimentos del campo a la ciudad



A orillas de los bosques mesófilos y tropicales del norte de Oaxaca ha vivido por generaciones el pueblo chinanteco, que durante años tuvo al cultivo de café de altura como principal motor económico. La crisis de precios de los años 90 los obligó a buscar otras alternativas de subsistencia, y por ello, conscientes de la gran riqueza vegetal y animal que posee su territorio (es una de las pocas zonas donde el jaguar deambula libre), en 2005 se organizaron para formar el Comité de Recursos Naturales de la Chinantla Alta (Corenchi), una alianza entre los pobladores de las comunidades de Santa Cruz Tepetotutla, San Antonio del Barrio, Santiago Tlatepusco, San Pedro Tlatepusco, San Antonio Analco y Nopalera del Rosario.

Entre las acciones del Corenchi se encuentra el impulso al turismo de naturaleza, una actividad que no solo pretende acarrear recursos para los chinantecos, sino también educar sobre la trascendencia ecológica que tienen sus sierras para todo el sureste de México.

Uno de los fundadores de este comité es don Pedro Osorio, vecino de Santa Cruz Tepetotutla que, enamorado de la belleza de sus región, se ha capacitado como guía de naturaleza y creado senderos interpretativos que regalan hermosas experiencias de contacto con parajes casi vírgenes. Uno de estos es el Sendero de los Pivotantes, el cual transcurre entre colosales árboles que crecen del cielo hacia abajo, al lado de gigantescos helechos arborescentes y en compañía de cascadas de temporal. Además, en Santa Cruz Tepetotula también se cuenta con dos centros de hospedaje para visitantes, y en compañía de sus visitantes se puede aprender sobre el tejido de palma, la hechura de textiles tradicionales, así como adentrarse en técnicas de cocina indígena con ingredientes salidos de la selva. Una verdadera experiencia de inmersión con el México más verde y auténtico


La cadena de televisión británica BBC grabó recientemente para el programa del reconocido chef Rick Stein en esta área de la Chinantla sobre sus sabores, como los frijoles ahumados, la vainilla, los huevos con acuyo y otras delicias locales



A don Isidro López Santiago lo conocen cariñosamente como “Chiro” y bajo a ese apodo se le puede ubicar en San José del Chilar, una población enclavada en la región de La Cañada oaxaqueña. Además de degustar las nieves y helados que él elabora, también se le puede contactar para conocer las maravillas naturales de su comunidad, pues funge como presidente de ecoturismo comunitario.

En compañía de sus palabras y sapiencia (acumulada tanto por experiencia personal como por su capacitación como guía) se realiza el ascenso a conocer el santuario de la guacamaya verde, una hermosa ave que diariamente surca el cielo para anidar en las barrancas montaña adentro. El recorrido se suele hacer antes del atardecer para poder llegar con el crepúsculo, pues es el momento en que las guacamayas llegan haciendo gala de notable puntualidad. Además de ver su plumaje y vuelo, la caminata vale la pena por los datos sobre flora y fauna endémicas que don “Chiro” comparte con el visitante.

Ya montaña abajo, se puede descansar en las cabañas ecoturísticas que nuestro hombre también administra. Por cierto, la vigilancia ecológica del santuario de la guacamaya verde de San José del Chilar corre a cargo de la bióloga Gladys Reyes Macedo, premiada internacionalmente por su trabajo en pro de la preservación de esta ave



A diferencia de los más conocidos y visitados Valles Centrales, la Sierra Norte de Oaxaca posee una climatología húmeda y fría gracias a los bosques templados que la cubren. Habitada durante siglos por miembros de la etnia zapoteca, esta región posee también un importante legado cultural indígena visible en los Pueblos Mancomunados, una asociación de municipios hermanados por los mismos fines agrarios, turísticos y conservacionistas.

Por su oferta de atractivos para el viajero, entre ellos destaca Cuajimoloyas, sede de colectivo ecoturístico Yaa-Cuetzi. Este comité comunitario es el encargado de organizar caminatas por el bosque, rutas en bici de montaña, cabalgatas y observación de aves, así como del mantenimiento de las cabañas. Mención especial merece su tirolesa: 1000 metros de cable de acero suspendido sobre el pueblo de Cuajimoloyas, a más de 3100 metros sobre el nivel del mar y con vistas espectaculares de la sierra y los bosques coronados de niebla.

Tras la adrenalina que produce esta actividad, siempre se puede disfrutar de mole y chocolate caliente preparado por las cocineras locales.



Este complejo cercano a Huatusco, Veracruz, se define a sí mismo como un Centro de Agroecología y Permacultura, actividades que buscan hacer un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Su ubicación: los lindes de unos de los últimos segmentos de bosque de niebla del centro de Veracruz; su iniciador: Ricardo Romero, quien comenzó con el rescate de suelos y reforestación de sus terrenos para luego transformarlos en un centro ecoturístico y —posteriormente— en sede de una cooperativa.

Aquí el objetivo principal es lograr el sostén económico y la soberanía alimenticia de sus asociados, quienes participan en todas las actividades; sin embargo, Las Cañadas también ofrece la posibilidad de tomar cursos sobre vida sostenible, como construcción con bambú, producción de semilla para autoconsumo o crianza de abeja melipona, por mencionar algunos ejemplos. Además, en Las Cañadas también se puede formar parte de un programa de aprendices de tres semanas, durante el cual los involucrados participan en todas las labores de la cooperativa (cultivo, ordeña, recolección de leña…) bajo la premisa de “aprender trabajando”. Sin duda, una iniciativa de gran calado social y ecológico.


Sumarse al programa de aprendices en esta comunidad podría cambiar tu forma de relacionarte con la naturaleza de por vida



Resulta fácil contemplar con asombro las ruinas de ciudades antiguas como El Tajín, sin embargo también resulta muy sencillo olvidar que los herederos y descendientes de los constructores de aquellas maravillas aún viven. Por ello, en un ejercicio de memoria y valoración cultural, la operadora turística Totonal ha creado una experiencia de turismo comunitario en la población totonaca de Cuyuxquihui.

Allí, luego de recorrer la zona arqueológica y hacer una caminata por un santuario natural, se visita una parcela demostrativa para conocer la forma en que sus habitantes cultivan café y vainilla, principal producto de esta tierra. Por la tarde, y en compañía de los miembros de una cooperativa indígena, se participa de una comida tradicional



Las más de 14 mil hectáreas protegidas que conforman la Reserva de la Biosfera de La Encrucijada son conocidas también como “la otra selva de Chiapas”, pues aquí el mangle brota con generosidad. De cara a las corrientes del Pacífico, estos humedales son de gran trascendencia ecológica, no solo porque protegen los terrenos interiores de la erosión climatológica, sino porque también fungen como un importantísimo ecosistema de incubación para los microorganismos de los cuales depende la vida en el mar.

Así, al interior de estos manglares se ha establecido la Red Ecoturística La Encrucijada, un grupo conformado por seis empresas comunitarias encaminadas a brindar experiencias de turismo: en San Carlos se puede hacer un tour en bote por el manglar u hospedarse en cabañas ecológicas construidas por los pescadores; en la palapa de El Ballenato, a mitad del estero, hay un restaurante con mariscos mientras que en La Lupe se debe conocer las artesanas del colectivo Bahía del Mar, que emplean las hojas, frutos, madera y corteza de la palma para crear atractivos souvenirs.


Muchos viajeros y profesionistas han echado raíces en estas comunidades para sumar esfuerzos por la conservación natural y cultural



La Selva Lacandona ha sido durante generaciones el territorio ancestral del pueblo maya, y por ello protegerlo es la misión principal de sus pobladores. Ejemplo de ello es Pablo Chankín Najbor, lacandón que reforestó la fracción de jungla de su familia para dar vida así al Centro Ecoturístico Tres Lagunas, una apuesta para conservar a través de la educación y la oferta de actividades turísticas.

Ubicado en la subcomunidad de Lacanjá Chansayab, a un costado de la Reserva de la Biosfera Montes Azules, aquí se pueden rentar cabañas, hacer senderismo, observar aves y flora, así como rentar un cayuco para navegar por los ojos de agua que dan nombre al sitio o participar de un recorrido nocturno para ver cocodrilos. Lo mejor es que todo se hace en cercanía con la familia Chankín, comprometida con salvaguardar el legado natural de sus antepasados



Con la convicción de establecer un espacio turístico de gran nivel, que a su vez coadyuvara a los esfuerzos de conservación del entorno y a la economía de los ejidatarios, es que fue fundada la empresa ecoturística El Madresal, certificada con el distintivo M que otorga la Secretaría de Turismo por sus servicios de calidad.

Los integrantes de este colectivo son primordialmente pescadores de la comunidad de Ponte Duro, municipio de Tonalá, quienes también administran las cabañas, restaurantes y recorridos por los manglares para avistar cocodrilos, tortugas, aves marinas y de humedal. Por supuesto, el contacto con el generoso árbol de mangle es obligatorio, pues de su existencia dependen miles de seres, incluidos los propios pescadores. Ubicadas justo entre el manglar y la playa, las cabañas de El Madresal solo operan con electricidad por unas horas, por lo que la sugerencia para pasar la noche es tratar de contar las estrellas que se proyectan en el firmamento y por encima del mar.



Este tranquilo puerto se localiza en el litoral oriente del estado de Yucatán, prácticamente a un costado del Parque Natural Ría Lagartos. Durante generaciones, sus hombres y mujeres se dedicaron a la recolección de lo que brinda el mar, pero la pobre pesca de 2008 los impulsó a buscar nuevas alternativas de subsistencia. Ese año nació San Felipe y Naturaleza, un proyecto de turismo comunitario manejado por pescadores, quienes acompañan al viajero a vivir una serie de experiencias recreativas con énfasis en el respeto a los recursos naturales. Aquí es posible hacer un tour de pesca, rentar un área de descanso en la playa, realizar un recorrido hacia el ojo de agua Kambulnah, divisar aves en Isla Cerritos, y terminar la jornada degustando deliciosos mariscos con sazón yucateco.



La Reserva Estatal Biocultural del Puuc es una de las zonas más biodiversas de todo el estado de Yucatán, hogar de más de 200 especies de aves y de cinco de los seis grandes felinos de México, entre ellos el jaguar. Además, aquí también se asientan algunas de las poblaciones de mayor arraigo maya, por lo que la conservación del entorno natural (principalmente selva baja caducifolia) es de trascendencia ecológica como social.

Sabedores de ello, los habitantes de la comunidad de San Agustín, cercana a la ciudad de Tekax, se han organizado en torno al proyecto Turismo Indígena San Agustín para atraer recursos y promover su desarrollo. Articulados como una cooperativa, ellos ofrecen al viajero recorridos en bicicleta por la selva, visitas a un molino tradicional de nixtamal y a parcelas demostrativas, así como una al aserradero, donde se aprende sobre el aprovechamiento forestal de manera sustentable. Desde luego, también se puede pernoctar en sus cabañas o acampar en las proximidades.



Como si de un cuento fantástico se tratara, la historia de El Corchal comienza con un hallazgo afortunado. Fue en 1993 cuando, en una incursión de cacería, José Quintal descubrió un hermoso paraje con árboles de corcho suspendidos en el agua, rodeados de fauna y flora: se trataba de El Corchal, un espacio en el que José vio un enorme potencial ecoturístico.

Así, convencido de que atraer a los amantes de naturaleza para contemplar este paraíso traería beneficios económicos a su comunidad, convenció a los demás ejidatarios de conformar una organización para conservar el terreno. Con el paso del tiempo, y la ayuda de sus hermanos, se profesionalizaron en turismo ecológico a nivel nacional e internacional, concretando el sueño de convertir a El Corchal en un santuario de aprovechamiento turístico que ya es referencia en el norte de Quintana Roo.

Aquí se puede realizar un paseo en kayak bajo las ramas y encima de las raíces de corcho, que entrelazadas forman un bosque flotante de fantasía. Uno de sus puntos más bellos es el jardín de nenúfares, un estanque cubierto por estas plantas acuáticas de flores blancas. El Corchal es también un excelente punto para observar aves tropicales, cocodrilos Morelet, monos e incluso, venados.



Este ejido maya, a 50 kilómetros del puerto de Progreso, puede presumir más 3 kilómetros de playas bañadas por las aguas verdeazuladas del Golfo, así como un fuerte arraigo comunitario que dio origen a iniciativas de conservación natural y mantenimiento de atractivos ecoturísticos.

A la par de reposar en sus playas, en San Crisanto también se puede navegar en bote por los manglares y divisar mapaches, garzas, lagartos y tortugas, entre otras especies. Por supuesto, en las proximidades hay un cenote de aguas claras conocido Dzonot-Tzik, que también puede visitarse en compañía de los guías comunitarios. Por cierto, el pago de hospedaje en las cabañas Kanab-Nah se destina al mantenimiento de la infraestructura turística del ejido. El buen manejo que aquí hacen de sus recursos ha sido reconocido por instituciones como el Consejo de Conservación de Humedales de Norteamérica y la Semarnat, con quienes han colaborado.

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