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Aventura

En Hidalgo, el Highline: la delgada línea de la diversión

El highline es uno de los deportes de aventura más escénicos que existen, caminar sobre una delgada cinta entre dos montañas provee una perspectiva única y una oportunidad diferente de interactuar con la naturaleza. El Parque Nacional El Chico regala a los amantes del equilibrio un espacio de juego inigualable.

Por: Axel Rosas Swipe

Me despiertan voces fuera de mi tienda de acampar, creo que soy uno de los últimos en despertar. Todavía un poco aturdido por el sueño, salgo lentamente de mi guarida, aunque el frío me tienta a regresar a envolverme en la bolsa de dormir, sin embargo, el aroma del café recién hechecito me anima a dirigirme hacia la mesa con los demás. El desayuno está casi listo: Yisel termina de picar fruta para su plato de avena, mientras que Javi termina de sazonar lo que se convertirían en uno de los mejores huevos revueltos que he comido en mi vida


Rumbo a la Muela

Lo que sigue, parar y verificar que todo esté listo en la mochila, entre otras cosas:

  • agua
  • chamarra
  • comida
  • bloqueador
  • lámpara
  • arnés
  • hangover

Después de tomar una última (y necesaria) taza de café, estoy listo para comenzar el día.

Recorremos un par de kilómetros desde el campamento Los Cedros hacia La Muela. Caminar por los hermosos senderos que ofrece Hidalgo es, en sí misma, una experiencia inolvidable. El murmullo del bosque nos acompaña en el camino, completamos su melodía con el sonido de nuestros pasos y risas, aunque nuestras mochilas están llenas de equipo y la sombra de los árboles no es suficiente para ocultarnos del calor, el trayecto se siente agradable.


Al filo del abismo

Lo más impresionante cuando uno llega por primera vez a la Peña de La Muela es la exposición: es imposible no sentirse pequeño cuando uno se encuentra rodeado de enormes formaciones de piedra volcánica, caminando justo al filo del abismo.

Las copas de los árboles quedan a nuestros pies, es entonces fácil sentir la ligereza y el movimiento del aire. A pocos metros de nosotros avistamos lo que parece ser un nido de halcón, por unos momentos, observamos pasmados cómo algunas aves realizan piruetas alrededor de un monolito que está frente a nosotros.


¿Qué es el highline?

Estas características que convierten a la peña en un precioso mirador, también la hacen un lugar perfecto para practicar highline, uno de los deportes de aventura más escénicos que existen.

Esta disciplina consiste en caminar sobre una cinta plana a grandes alturas.

Es una de las variantes del slackline y una manera única de interactuar con el paisaje. Los retos de esta actividad van mucho más allá de lo físico, la mente juega un papel fundamental en el proceso de caminar una línea, para avanzar se necesita control, paciencia y perseverancia.

Montar las líneas es una de las partes más importantes (y pesadas) del proceso, la dificultad de cada una es particular, depende mucho de su ubicación y longitud. A pesar de que el highline es un deporte individual, gran parte de lo que rodea esta actividad, requiere de cooperación y un esfuerzo colectivo. El rigging (el proceso para colocar y asegurar las líneas) necesita de la participación de todo el grupo.

La Muela es una zona bastante desarrollada y cuenta con suficientes anclajes para colocar más de diez líneas que van desde los 30 hasta los 240 metros de largo.


Líneas de Vida

Poner “el tendedero” nos toma un par de horas, algunas líneas son relativamente sencillas de cruzar, sólo hay que caminar por lado contrario y levantarlas con ayuda de un hilo de caña de pescar. Otras mucho más largas, nos exigen de la ayuda de un drone para cruzar una de las puntas a la peña contraria. Todo mundo tiene su posición, hay que asegurarse de que todo el equipo esté colocado correctamente, que funcione bien y roce la roca lo menos posible.

Los problemas comienzan a surgir, mientras tratamos de cruzar las líneas, algunas se atoran con los árboles y rocas que están debajo, nos toma un poco más de media hora liberarlas y continuar.

El highline más largo tuvo un problema y tenemos que quitarlo, hay que repetir todo el proceso. Después de un par de horas estamos por terminar de montar la línea de 240 metros de largo; para tensarla es necesaria la fuerza de varios brazos.

Aunque el calor de mediodía y el esfuerzo nos tienen agotados, jalamos la línea de poliéster con fuerza, estamos muy cerca de terminar, no podemos esperar para comenzar a subir y colgarnos.

Un pie en la nada

Todo está listo, dentro de nuestro pequeño grupo hay de todo un poco, algunos llevan sólo un par de meses en el mundo del slackline, mientras que otros —como Andrea Dattoli—, son de los mejores slackers en el país.

Me acerco a una de las líneas, después de encordarme al leash (anillo y cuerda de seguridad) y revisar por segunda vez que todo esté en orden, estoy listo para moverme sobre la línea.


No siento miedo, me cuelgo de cabeza y me balanceo sobre la cinta de poliéster; el mundo desaparece por un momento, sólo soy yo, una hermosa masa boscosa bajo mi cabeza, el sonido del viento y de los pájaros, no puedo ocultar una sonrisa en mi rostro.

En cada uno de los highlines que me rodean ocurren diferentes historias, algunos suben por primera vez y están nerviosos, otros tantos, comienzan a dar sus primeros pasos. A las orillas de cada una de las líneas, se escuchan los gritos, consejos y vitoreos de apoyo a los nuevos caminantes.

Con el aire soplando de manera constante, el cielo teñido de naranjas y azules indicaba el final del día. Andrea, David, Camilo y Tláloc tienen una enorme sonrisa en sus rostros, en las últimas horas de luz de día, mientras el ocaso iluminaba sus pasos. Caminaron “Mazatzin”, una de las líneas más impresionantes del lugar que con sus 240 metros, conecta a La Muela con la Peña del Venado.

Hora de regresar al campamento, las lámparas no fueron necesarias: la luna llena iluminó nuestro camino.

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