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Josefina Jiménez, fundadora de la cooperativa Mujeres que tejen

A sus 70 años habla zapoteco y español. Le está entrando a las nuevas tecnologías para vender sus tapetes y bolsas y en 1992 creó una cooperativa.

Por: Angelica Navarro / Fotos: cortesía Ana del Camino Swipe

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Sonriente, de voz dulce pero vigorosa,
Josefina le está entrando,
como muchos en el mundo,
a la digitalización del trabajo,
de los proyectos, de las ventas.

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Las técnicas y el oficio los heredó de su madre y abuela, pero ella junto con otras 49 mujeres de Teotitlán del Valle, donde nació, querían poseer su telar y vender sus tapetes. Idiomas, trámites y machismo intentaron arrebatarle su sueño. Ella perseveró y fue encontrando el camino. Ella y su familia, como casi todos en su pueblo, viven del turismo y de la venta de sus artesanías.
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Mujeres que tejen nació en 1992 a raíz de que muchas mujeres cabezas de familia teníamos trabajo pero con intermediarios, que eran dueños de los telares y nos daban materia prima. Nosotras sabíamos cardar la lana, hilarla, tejerla pero rentábamos los telares. Queríamos tener nuestro propio trabajo, para poder salir y vender nuestros productos. Entonces, decidimos formar una cooperativa .

Crear la cooperativa en conjunto con otras 49 mujeres en aquellos años significó un auténtico logro que puso en entredicho los usos y costumbres de su pueblo, donde las autoridades y los dueños de los telares eran, naturalmente, hombres.

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Librar una carrera de obstáculos

Primero, el idioma. Ella aprendió el español en la primaria pero no lo entendía a la perfección, en su comunidad se habla zapoteco.

En aquellos años de finales del siglo XX, acudieron a La Casa de la Mujer Rosario Castellanos, que está en Oaxaca. Primero les pidieron actas donde se asentaran los acuerdos, se registraran las personas.

Luego, cuando pidieron apoyo económico les solicitaron un acta constitutiva (¡que costaba!).


Si para cualquier emprendedor realizar estos trámites puede parecer un imposible, imaginemos que, además, literalmente todo ocurre en otro idioma.

¡Un suplicio! Pero dice el dicho que con toda dificultad viene la facilidad, ya que tras enfrentarse a la autoridad y recibir críticas de familiares, la perseverancia las hizo lograr el ahorro y constituirse como cooperativa.


Con el acta pudieron solicitar el crédito en Sedesol. Los papeles requerían la firma de la autoridad de Teotitlán y eso costó mucho:

reuniones comunitarias en las que había puros hombres, que comenzaban a las 10 de la noche y acababan de madrugada, mujeres que no podían ir, dudas. Y no lo logramos. Tuvimos que ir a Sedesol a pedir que no pusieran como aval a la autoridad porque no nos estaban apoyando.


Accedieron: bueno, va a salir un cheque a nombre de ustedes; ustedes serán las responsables. Y ya, tuvimos nuestro primer crédito para poder comprar materia prima. Y ahí conocimos a Semillas Pro Derechos de la Mujer, de la Ciudad de México. Semillas nos financiaron los telares y a raíz de eso empezamos a trabajar.

Nosotras, en nuestra comunidad, sí batallamos muchísimo, porque el apoyo de gobierno, no es tan fácil de alcanzar; te piden tantos requisitos que, a veces, nosotras no podíamos esperar, y es mucho tiempo y muchas vueltas.

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Las vueltas de la vida

Ése fue el primer paso de un largo camino de mucho aprendizaje, de asomarse a otras maneras de ver el mundo, de entender que había un mundo posible en el que las mujeres podían decidir sobre sí, sobre su sexualidad, sobre sus cuerpos.

Con Mujeres que tejen conoció la CDMX con la primera exposición de tapetes, luego fueron a Madrid y, como un épico recuerdo, menciona aquella vez que les pidieron 2,200 tapetes para Francia.


Esto ocurrió hace 15 años: llantos y nuevas oportunidades de organización fueron el saldo de aquella aventura.

Hoy doña Josefina tiene cerca de 70 años; sigue viviendo con su adorada madre, con su apreciado hijo y su amado nieto.

Unas mujeres se fueron, otras siguen tejiendo en gancho para algunas piezas.


Realmente, los apoyos que hemos tenido son de mujeres, de fundaciones. Esas experiencias nos han servido mucho, tuve la oportunidad de estar en Chicago, en otros mercados dar a conocer nuestros productos.

Nosotras, todo lo que hemos hecho es a partir de que empezamos a conocer el mercado, también tener capacitación en diseño, trabajar con diseñadoras, trabajar también en el lado humano.

Por ejemplo, en este caso de las mujeres que tejen, no conocíamos nuestros derechos. Tuvimos tanta discriminación en ese lado porque siempre, la idea que nos daban era que, por ser mujer, no mereces estudios, no mereces un pedazo de terreno porque eres mujer, un día te casas y tienes que vivir con el esposo y la escuela no te va a servir.

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Los procesos creativos

Los procesos de creación se volvieron con el tiempo más personales y ahora debido a la pandemia en 2020 abrieron su tienda online a través de la cual pueden enviar pedidos especiales (que demoran tres semanas en la creación más una de envío).


Su catálogo se ha ampliado, además de tapetes y piezas decorativas hay bolsas. Mujeres que tejen sigue siendo una cooperativa, pero sólo está compuesta en la actualidad por 12 mujeres y, claro, las puertas están abiertas para otras que quieran sumarse y seguir un reglamento.


Sus diseños reflejan el mundo interior de cada tejedora y expresan la naturaleza y algunos patrones simbolizan aspectos culturales también.

En su caso, recuerda con cariño Cactus en la noche, que es un paisaje de aquí de cerca: se ven los cactus, los árboles y la luna en la noche.


Orgullosa me presume que ella ha aprendido, incluso, a presentar su declaración ante el SAT de manera electrónica.

Los tiempos siguen cambiando y ella sigue aprendiendo, como lo hizo cuando logró alcanzar su sueño de tener un telar de pedal propio y vender sus tapetes.

 

Conoce su trabajo:
mujeresquetejen.com
FB: mujeresquetejenentelar

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