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Lo desconocido de Lila Downs

En Lila Downs converge la dualidad, la de la vida y la muerte, y la que subyace en la vida de la mayoría de los mexicanos: el mestizaje.

Por: Rodrigo Osegueda Swipe

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Lila nació en Tlaxiaco, Oaxaca, en 1968; hija de Anita Sánchez, una cantante mixteca, y de Allen Downs, cinematógrafo estadounidense. La mayor parte de su niñez y juventud la vivió en Estados Unidos, donde recibió sus primeras lecciones de canto. 

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A la edad de 16 años, tras la muerte de su padre, regresó a Oaxaca, donde se hizo consciente de la manifiesta brecha de desigualdad entre los indígenas y el resto de la sociedad.
Desde entonces, Lila se comprometió con ayudar a indígenas y migrantes, lo que la llevó a formarse como antropóloga en la Universidad de Minnesota.
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La antropología fue algo muy natural por querer entender quién soy y cómo surge el racismo y la diferencia de castas. Uno comienza a ser consciente chiquito de esas diferencias que te van generando en tu sociedad.


 Los privilegios y la discriminación

Alegre, Lila afirma que su nacionalidad estadounidense fue un privilegio que le permitió cruzar fronteras geográficas. Con el mismo entusiasmo, reconoce que su identidad indígena le ha permitido transitar por realidades metafísicas.

Lo digo en serio porque para mi abuela su concepto de vida y de muerte era muy diferente; por ejemplo, ella hablaba con los difuntos. Estos conceptos los heredamos del mundo indígena. Con la antropología fui aprendiendo el sustento en todo esto.

 

 

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Su doble identidad, compartida con más de 37 millones de mexicanos en Estados Unidos, también la ha convertido en portavoz de los migrantes, quienes ven en ella un ícono cultural. 

Sin embargo, de acuerdo con su propio testimonio, su vida como migrante inició con la historia de su madre, que migró a la Ciudad de México en calidad de mujer indígena, lo cual fue un proceso doloroso debido a la situación de exclusión y discriminación que se vive en nuestro país.

Con pesar, Lila relata que su madre decidió no enseñarle lengua indígena para evitar que la discriminaran, hecho que hoy reivindica con su hijo.

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Los avances

Lila reconoce que el fantasma de la discriminación continúa presente, pero también que la situación de la población indígena ha mejorado en los últimos años. Recuerda que en la década de 1970 los indígenas de Chiapas no tenían derecho a caminar por las aceras y que hoy eso ha cambiado.

Podemos ver el lado positivo de esto: el elemento indígena ahora es parte de la conversación nacional y mestiza. Eso era muy diferente en mi niñez, cuando yo empezaba a decir algo de mi mamá mixteca, inmediatamente algo se apagaba.


La unión y sororidad

De forma paralela, Lila considera que la situación para las mujeres ha mejorado y que hay un tránsito positivo sobre ideas y prejuicios que, en muchos casos, fueron generacionales.

Creo que las mujeres también podemos ser más unidas. Se ve un cambio hermoso en el que estamos conectándonos más en todas las áreas, profesionales y también en las regiones indígenas de nuestro México.

Actos de resistencia

Aunque Lila Downs es modesta al hablar de su labor social y activismo, nos relata sobre su trabajo al lado de su pareja, el saxofonista Paul Cohen, que consiste en ayudar a través de becas a las y los jóvenes indígenas para que puedan seguir estudiando el bachillerato y la universidad.

Durante el conflicto magisterial en Oaxaca en 2006, Lila y Paul decidieron pronunciarse a favor de los maestros, hecho que les costó la censura de sus presentaciones hasta 2010.

Puedes ver cómo ellas, las mujeres indígenas, van cambiando en su expresión.

La formación como antropóloga de Lila Downs la dotó de la sensibilidad para un proceso de introspección sobre su propia identidad. Para graduarse, Lila hizo una tesis sobre el tejido de las mujeres indígenas triquis, actividad que vio como un acto de resistencia donde los pueblos para plasmar su cosmovisión.


La música: activismo

Sin embargo –menciona– lo importante es vivir y el arte nos pone en ese balance. Su vocación musical era indiscutible y sólo se necesitaba de un factor que lo detonara.

Escuché una voz que se llama Mercedes Sosa. Había oído a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez porque nuestros vecinos en Tlaxiaco eran una escuela izquierdista, pero nunca había oído la voz de ese instrumento que es esa cantante. Eso me volvió al arte.

Asimismo, Lila menciona que su verdadero activismo se encuentra en las letras de sus canciones, en las que siempre vuelve a conectar con ese momento vital e idealista que generalmente se vive en la juventud.

Del mismo modo que los indígenas triquis plasma el proceso de metamorfosis de las mariposas en los textiles, Lila hilvana una y otra vez con su canto los momentos fundantes de su vida.

Camino espiritual

He tratado de componer versos que ponderan nuestra existencia y también que narran un retrato de personas que son necesarias para nuestra identidad. Pienso también en la parte ritual y sagrada, quizá sea un poco izquierdista, pero ese elemento siempre ha sido muy importante.

Entre las canciones con elementos espirituales, heredados de su cultura materna, Lila Downs exalta Peligrosa y La cumbia del mole. Sobre dichas obras de su autoría, Lila explica que son un tributo sagrado a la mujer indígena en el que se mezcla lo sacro y lo profano.

Visión de los ancestros

Además de los elementos sagrados presentes en sus canciones, Lila afirma que es de suma importancia seguir cantando en los idiomas originarios y dejarlos de ver como un elemento del atraso para que se vuelvan una herramienta de la supervivencia de la visión de nuestros ancestros.

Por su puesto, no repara en mencionar que el arte juega un papel protagónico en el rescate de las lenguas originarias de México.

Con seis premios Grammy y una extensa discografía, Lila Downs continúa trabajando en sus próximos proyectos que involucran la música de Jalisco, el jazz y la cumbia en los que planifica invitar a solistas indígenas y músicos internacionales. Su música no sólo transforma la vida de las mujeres de México, sino de la nación entera.

Su voz, potente y alegre,
atiende a su vocación espiritual,
misma que reconoció alguna vez
en el canto de Mercedes Sosa.

Las mujeres vamos más acercándonos, tomándonos de la mano; esa cercanía ya nos la debíamos. Estamos ya en otro momento: lo celebro y lo agradezco.

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