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Mazamitla, entre árboles y nubes

Un Pueblo Mágico que cumple con lo que promete: descanso en un bosque.

Por: Ivett Rangel | FOTOS: Enrique Barquet Swipe

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Cuando se regresa a casa con el espíritu pleno (de café de olla y pan recién horneado, de viento perfumado con madera de pino, encino y ocote, de caricias de nubes y gotas de lluvia) entonces se han tenido los días más gratos en Mazamitla. 

A menos de dos horas de Guadalajara, este Pueblo Mágico se presenta, por así decirlo, con varios títulos nobiliarios, entre ellos: “La capital de la montaña”, “El corazón de la sierra” y hasta “La Suiza mexicana”. 

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Quizá suene exagerado, pero, durante esta temporada de lluvia, hacia el atardecer no cae el sol sino las nubes, cobijando este rincón de estilo colonial, de construcciones pintadas de blanco, techos de tejas rojizas y enormes portones de madera.

Se crea una atmósfera única.

Y es ahí donde surgen las ganas de tener una bebida caliente entre manos, ya sea un café o un ponche de zarzamoras (oriundas de la región). Con o sin piquete, a sorbos lo mismo se olvida el frío y el cansancio, que se alegra el corazón.

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¿Qué hacer en Mazamitla?

Hasta aquí llegan quienes desean romper con el ajetreo citadino, para convivir en familia o con amigos.

O bien,  para alejarse de todo y de todos. Es el lugar ideal para estar solo y leer ese libro pendiente o, tal vez, comenzar a escribir ese nuevo capítulo en el diario viajero. 

En Mazamitla hay cabañas y chalets de todo tipo y tamaño que invitan a disfrutar del entorno verde y del silencio profundo. 

 

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Por las noches, cuando no llueve, presumen los nacidos en este pueblo que se tienen las más despejadas noches, llenas de estrellas y una brillante luna como guardianes. 

Y de día, más vale prestar atención a los sonidos que surgen de entre las ramas de los árboles, pues en Mazamitla, aseguran, aún se puede escuchar el canto del ruiseñor, del jilguero y del cenzontle. 

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✣ Dentro de la sierra

La Sierra del Tigre abraza a Mazamitla. Green Forest Tours se encarga de presentar en unas horas el patrimonio natural y las tradiciones del pueblo jalisciense.

En vehículos tipo safari se llega hasta la parte más alta del bosque para admirar la majestuosidad de la sierra y sorprenderse con las floridas alfombras que crean el anís y el árnica en esta temporada. 

Aunque, a decir de la guía, en esta zona no sólo abundan las hierbas medicinales, también los frutos silvestres, como capulines y zarzamoras.

Y se realizan dos paradas: en la fábrica de dulces artesanales Sierra Mazamitla (la empresa más antigua del pueblo; data de 1956), donde se aprende que de un cazo de cobre surgen sabores inconfundibles y que el azúcar es un poderoso conservador. 

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Aquí se pueden comprar botellas de rompope y recipientes de cajeta de muchos sabores, también se ofrece una amplia variedad de conservas y licores de fruta, toda una tradición en Mazamitla.

La otra escala se hace en La Casa de los Gallos, un lugar donde se elabora y se vende queso artesanal. Se puede observar y conocer un poco sobre el proceso de elaboración de éste y otros productos lácteos. 

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Pero nadie puede partir de la Sierra del Tigre sin descubrir que aquí viven Los Picapiedra.

Está la Casa de Piedra, que se renta entre particulares, y todos se traen una imagen de recuerdo del peculiar inmueble con el troncomóvil a un costado. 

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Del pueblo a tu mesa

Pocos viajeros se resisten a posar junto a las letras monumentales de Mazamitla con la Parroquia de San Cristóbal al fondo. 

El templo, que data de 1943, se distingue por su estilo ecléctico con detalles orientales. Se construyó a iniciativa del cura José Antonio García, personaje ilustre del pueblo, cuya historia se puede conocer en la capilla debajo de la nave principal. 

De ahí se puede dar un paseo por la plaza principal y después por el andador Hidalgo, única arteria peatonal de Mazamitla, donde transcurre el tiempo viendo recuerditos o sentado en algún restaurante. 

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Y para traer el equipaje repleto, una última parada para comprar artesanías en el mercado.

Dato curioso: al fondo del mercado hay un pequeño museo en el que se puede conocer en unos cuantos minutos la historia de Mazamitla, desde sus orígenes.

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