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Sierra Gorda en Querétaro

Un viaje relámpago en solitario a las montañas de Querétaro durante la pandemia le revela una vez más a este estadounidense la amabilidad de los mexicanos y la importancia de ser flexible cuando se viaja.

Por: Brian Overcast Swipe

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| La motivación

Si haces una búsqueda en Instagram de “Cuatro Palos” verás imágenes de un increíble valle localizado en las montañas de La Sierra Gorda de Querétaro, en México. “Arriba de las nubes al amanecer; muy pronto, ahí estaré yo”, pienso mientras navego con las curvas en las afueras de Peñamiller.


Ya había manejado más allá del Mirador Cuatro Palos antes de la era del Instagram, cuando poca gente sabía de este lugar. Los recuerdos de ese viaje se habían reducido a caminos sinuosos a través de un paisaje montañoso único. 

Había estado buscando una excusa para regresar con más tiempo para explorar Cuatro Palos, Puente de Dios y lugares todavía desconocidos. Seguramente, estos lugares remotos no estarán cerrados debido a la pandemia. Seguramente.

 


| Cambio de planes

Sin embargo, a las 11 de la mañana al subir por el camino de brecha que sale de la autopista, tres carros delante de mí se detuvieron y, uno a uno, comenzaron a darse la vuelta.

El ejido, el pueblo que es propietario de la tierra donde se ubica Cuatro Palos, había decidido cerrar el mirador. Los siete aldeanos que bloqueaban el camino no estaban en ninguna posición de negociar. En México, se dice que “con dinero baila el perro,” pero no había perros que hacer bailar en este caso.

En este punto del viaje, no hay nada más qué hacer sino poner en práctica el mejor consejo para viajeros que se ha dado,

“Dondequiera que vayas, ahí estás”.
Tira los planes por la ventana
y reinventa algunos nuevos.
¡Improvisa!


| Plan B

Continué camino arriba hacia la comunidad de Pinal de Amoles y le expliqué mi predicamento a David Herrera, el dueño de Cabañas Real de San José. Él me dio las desalentadoras noticias de que los otros dos destinos en mi itinerario, Puente de Dios y las Cascadas El Chuveje, también habían sido cerrados.

“¿Hay alguna manera de llegar a esos lugares?”, le pregunté.

“No, güero, no hay. Lo siento, pero mi hijo puede llevarte a escalar cerca del pueblo y luego yo te puedo decir de otro mirador similar al de Cuatro Palos”.

Sus propuestas me llenaron de alegría.
Quería abrazar a David en ese momento, pero guardé mi distancia.


| Los “guajolotes”

Cuando mi guía adolescente Omar apareció en la tarde para nuestro recorrido, me dijo que también veríamos algunos guajolotes, por lo menos eso fue lo que mis oídos gringos escucharon/entendieron.

Una hora más tarde, cuando trataba de enseñármelos en un arroyuelo, supe que algo no andaba bien.

Por fin comprendí que se estaba refiriendo a los ajolotes (que también se escribe axolotl en náhuatl), popularmente, son conocidos como los peces caminantes. Estos anfibios, que se encuentran en peligro de extinción, viven en el fondo de manantiales en el centro de México. Después de mirar fijamente el agua por unos diez minutos, creí ver rápidamente a uno que señala Omar.

Después de la agotadora escalada de tres horas, normalmente mi siguiente parada habría sido ir a un restaurante, como Antojitos El Jardín, para probar una de sus conocidas migadas, una gordita grande. Lo normal, sin embargo, es un concepto olvidado durante esta pandemia.


La mañana siguiente, llegué como una media hora antes del amanecer al mirador que David me había recomendado.

Los faros del coche revelaron un paisaje de cactus, que incluye yuca, agave americano y nopal.

La primera luz magenta develó una perspectiva diferente del Cerro de la Media Luna, que es diferente al que se aprecia desde Cuatro Palos. Y aunque no hay una cobija de nubes abajo como había previsto, en este mirador desconocido me encuentre solo, eufórico, al dejar, por un instante, dejar de ser cautivo de la pandemia.

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