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Motivos para viajar

Yelapa, el paraíso que inspiró a Bob Dylan

Cuando nos enteramos que Dylan pasó temporadas en Yelapa, en la costa de Jalisco, no titubeamos en lanzarnos a comprobar su veracidad de la leyenda. Aquí la crónica de la pesquisa.

Por: Daniel Cuevas, Marcia Valverde y Mario Gallegos Swipe

Llegamos. La selva y la mar invaden nuestros sentidos con su exuberancia. Marcia, una artista en todos los sentidos, pues escribe, toma fotografías, toca la guitarra y canta; escucha al viento darnos la bienvenida. Mario, cinefotógrafo de cepa, mira al horizonte y sonríe, estamos en el paraíso. Y yo, Daniel, fotógrafo y escritor, también me relajo con el sonido parsimonioso de la mar.

Los tres componemos este grupo de viajeros lanzados a la aventura de encontrar la guarida de Bob Dylan en nuestro país. Este legendario músico que vive en nuestro imaginario desde niños y nuestros padres ponían canciones en la casetera del auto mientras hacíamos largos viajes en carretera mirando paisajes hipnóticos. Venimos en su búsqueda.


Situada a 15 minutos en lancha saliendo de Boca de Tomatlán, último lugar al sur de Bahía Banderas accesible en auto, Playa Caballo es apenas reconocida por los mismos lugareños. Playa Las Ánimas es la mejor referencia para llegar a ella, de hecho podría ser considerada una extensión de Las Ánimas, tan solo separada por el borde de un cerro. Debe su nombre a la figura que hacen las olas al chocar contra unos riscos y que dan la apariencia de crin de caballo. Es una playa prácticamente virgen, salvo por Hotelito Mío y una casa privada contigua. No hay más construcciones hasta la siguiente playa. El viento de la costa es delicioso.

El viento nos da la bienvenida. El olor a selva se transpira. Nos preguntamos si esta sería la sensación que cautivó a los primeros extranjeros que hicieron de esta costa su casa. Seguramente esta combinación de selva, montaña y mar fue la que hizo a John Huston escogerla como locación para su Noche de la iguana en la década de 1960, momento en que Vallarta y sus alrededores se hicieron famosos mundialmente.

Iniciamos la noche frente a las acogedoras cabañas que Hotelito Mío tiene junto a la playa y sus sonidos selváticos, mientras nos seguíamos preguntando ¿qué atrajo a Bob Dylan a esta zona del mundo? ¿Realmente se refugiaba en este lugar como su paraíso escondido? Marcia tocaba la guitarra mientras Mario y yo saboreábamos un filete de pescado humeado, frente a una fogata que acompasaba el vaivén del océano Pacífico. Nos dejamos envolver en la melancolía de una época en la que se propuso la posibilidad de cambiar el mundo con la fuerza del amor. El fuego me envolvió en su danza, me quede observándolo hipnotizado, mientras Marcia y Mario se metían a su cabaña para disfrutar de un baño de tina en pareja.


“Nos dejamos envolver en la melancolía de una época en la que se propuso la posibilidad de cambiar el mundo con la fuerza del amor”


La mañana siguiente decidimos “dejarnos envolver por el escenario”, como les diría John Huston a sus actores, y probamos la mar sobre un kayak. Después de una breve instrucción por parte de Alfredo, nuestro guía marino de poco más de 18 años, originario de la zona y cuya vida es la mar, esperamos el momento adecuado, la “calmada”, y a remar se ha dicho antes de la siguiente ola alta.

Contrario a la fuerza de la orilla, una vez dentro, la mar se nos ofrecía calma y nos permitía avanzar sin contratiempos. La vista y la sensación de estar flotando sin más tracción que la de uno mismo es indeleble. Nos abrumó imaginar a los kayakistas que han cruzado continentes en esta dinámica. Llegados a un punto, dejamos de remar, cerramos los ojos e hicimos una meditación conectándonos con la mar, sintiendo el suave vaivén, al tiempo que el sol nos dotaba de su energía.

Después de un buen desayuno mexicano en el restaurante San Miguel de Hotelito Mío, estábamos listos para seguir embebiéndonos del entorno. Una caminata por los alrededores era la propuesta del día. El recorrido inicia entre la arena de la playa, le sigue por piedras colosales, casas ocultas y pequeños hoteles con lugareños muy amistosos. Continúa a través de pequeñas playas vírgenes que nos invitaban a quedarnos toda la tarde. Fue en esos momentos y en esos escenarios en los que nos sentíamos más cercanos a lo que debió haber sido Yelapa, Mismaloya y Las Casitas en la década de 1970, época en que Dylan pudo haber estado ahí… “como una piedra rodante”.

El atardecer nos recibió con un masaje en pareja en el spa de Hotelito Mío. La vista desde lo alto nos permitió despedir al sol mientras nos preparábamos para una cena a la orilla del mar.


Al momento del desayuno iniciamos pesquisas para saber sobre Dylan. Nos recomendaron preguntarle a Enrique, mesero del San Miguel. Él trabajó en Yelapa pero no sabía nada de la historia, sin embargo nos orientó a qué lugares debíamos de acudir en busca de más información. Tomamos nota de ellos, los teléfonos de algunos y sus recomendaciones para comer. Decidimos embarcarnos rumbo a Yelapa.

Antes de llegar a Yelapa, las playas Quimixto, Las Caletas y Majahuitas desfilaron majestuosas ante el avance del bote. Las Caletas es el lugar donde John Huston vivió los últimos años de su vida y en donde se refugió en la tranquilidad de la naturaleza y la mar. A continuación, 15 minutos después de haber salido de Las Ánimas, una bahía se presentó ante nosotros. Era la mítica Yelapa.

“15 minutos después de haber salido de Las Ánimas, una bahía se presentó ante nosotros. Era la mítica Yelapa”

Desembarcamos y lo primero que hicimos fue preguntarle a los pescadores locales, ellos nos llevaron con los más ancianos lugareños de por ahí. Ninguno sabía nada. Algunos ni siquiera conocían el nombre de Bob Dylan. Café Bahía, conocido como “Susan’s Place” por los extranjeros asentados en Yelapa, fue la siguiente inevitable parada. Al ser el café de una estadounidense, la dueña, quien atendía desde su cocina, conocía bien a la comunidad. Ella sí sabía del “mito del Bob Dylan” y nos puso en contacto con las personas correctas. Llamó a dos conocidos, María y Jim, que después de media hora estaban frente a nosotros: una pareja de escritores de setentaytantos, claramente hippies y bohemios, que hace ya muchos años abandonaron su mundo citadino en Estados Unidos para ser parte de la bohemia de Yelapa… y jamás volver.


Conocieron a Bob Dylan en Yelapa. Nos confesaron que por supuesto no era un mito y que estuvieron con él en fiestas y reuniones extravagantes características de los años 70. María recuerda nítidamente la mirada y los ojos “profundamente azules” de Dylan. Él, como Liz Taylor o Richard Burton, deseaba escapar de la fama y las cámaras que rodean a toda persona pública. Yelapa era el lugar ideal para andar por calles de tierra y caminar en silencio siendo él mismo. Preguntamos si traía guitarra o armónica y nos dijeron que no, que andaba sin ellas y sin cantar, que solía estar de vacaciones de la música. Nos contaron que era una persona tímida y tranquila, alguien normal que no parecía ser ese monstruo del folk y el blues. Nos sugirieron ir a Casas de Los Sueños, “Shapiro’s Place”, un punto de reunión en los años 70, donde podríamos tener más información.

“Yelapa era el lugar ideal para que Dylan anduviera por calles de tierra y caminara en silencio siendo él mismo, de vacaciones de la música”

Caminamos por calles empedradas que suben y bordean el cerro, mientras cruzamos con turistas yendo y viniendo. De pronto, sin querer, por hacer una toma de video, frente a nosotros apareció el letrero que indicaba “Casa Los Sueños”. Es el lugar. Tocamos la campana y el encargado muy atento nos invita a pasar. Le contamos a qué venimos y si sabe algo sobre Dylan hospedado ahí. Ha escuchado algo, pero la dueña sabe más, así que la llama y mientras tanto nos lleva a un bungalow llamado Casa Corona, el lugar en el que aparentemente durmió Dylan. Lo conservan exactamente igual que en los 70 salvo por un jacuzzi en forma de corazón que ya no existe. La casita también es conocida por algunos como la “Watchtower” por la canción de Dylan y porque ahí pasó “al menos una noche” afirma Shannon Yates. “Esta casa era el punto de reunión de toda la comunidad bohemia de ese entonces”. Sus fiestas debían ser memorables, incluso Tali Shapiro, hija de los Shapiro, dice que aquí estuvieron los Rolling Stones también. “En un archivo de fotos viejas encontré una de Dennis Hopper aquí”, lo que nos habla de un sitio frecuentado por la comunidad artística hippie de la época.


Hay muchas historias alrededor de Bob Dylan, todos dicen que lo vieron, que aquí estuvo. Sin embargo no he logrado encontrar fotos donde aparezca, donde se reconozca el lugar en el que está”. Seguramente tampoco quería ser retratado, pues de eso venía escapando, pero “sigo buscando una foto, una declaración de su publicista o algún documento que lo avale”, nos cuenta Shannon.

Mientras tanto nosotros admiramos el lugar donde alguna vez muy seguramente estuvo Bob, y quién sabe, tal vez hasta compuso una de sus canciones. Mario sacó su armónica y tocó algunos acordes en honor al maestro. Habíamos llegado a nuestro destino. El lugar que eligió Bob para refugiarse sigilosamente de la fama y el glamour, solitario poeta que supo gozar de esta costa mágica y salvaje.


¿Cómo llegar?

Llega a Puerto Vallarta y por la carretera que va a Manzanillo dirígete a Boca de Tomatlán. De ahí un taxi lancha privado o colectivo hasta Playa Las Ánimas.

¿Dónde dormir?

Hotelito Mío
Playa Caballo S/N, Cabo Corrientes
T.01(322)2934829
C.01(33)19594857
hotelitomio.com

Casas Los Sueños
Marlyn #70, Yelapa, Cabo Corrientes
T.01(322)2095151
yelapalossuenos.com

¿Dónde comer?

Restaurante San Miguel
Hotelito Mío
Playa Caballo, Cabo Corrientes
T.01(322)2934829
C.01(33)19594857
hotelitomio.com

Café Bahía
Trucha #6, frente al muelle
T.01(322)2095192
Yelapa, Cabo Corrientes

Taquería Los Abuelos
Privada Bacalao #4
T.01(322)2095043
Yelapa, Cabo Corrientes

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