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Secretos naturales de Tamaulipas

Desde dunas hasta el cenote más profundo del mundo, pasando por playas y una reserva natural, este viaje carretero nos mostró guacamayas, jaguarundis y un amanecer épico.

Por: / FOTOS: Stefany Cisneros Swipe

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Viajar sin expectativas nos da la oportunidad de descubrir el mundo de manera auténtica y de recuperar la capacidad de asombro que tanto mencionan los filósofos.

Y yo quise poner este aprendizaje en práctica durante mi viaje carretero por Tamaulipas.


Lejos de la ciudad                                                                                               

Tenía ganas de escaparme a un lugar alejado del ajetreo citadino. Por suerte, un amigo tampiqueño me había recomendado que descubriera las maravillas naturales que resguardaba el estado de Tamaulipas.

Así que, después de recorrer la ciudad, opté por lanzarme a disfrutar de Playa Dunas Doradas.

Se trata de un sitio paradisiaco ubicado a menos de media hora de Tampico en el que se entremezclan diferentes paisajes: el de las dunas (las cuales se combinan con pequeños cuerpos de agua) y el del mar.

¡Además, próximamente
habrá paseos en vehículos 4×4!


Atardecer en Playa Dunas Doradas

Llegamos justo una hora antes del atardecer, así que pudimos disfrutar perfectamente de la puesta de Sol.

Poco a poco, el cielo azul era intervenido por suaves pinceladas con tonalidades rojizas, anaranjadas e incluso moradas. La luz se extinguía, por lo que decidimos regresar al hotel Hotsson de Tampico.


De visita por El Zacatón, el cenote más profundo del mundo

Al día siguiente partimos a las 6:00 a. m. hacia Aldama.

Aquí, en compañía de Aldama Adventours, descubrimos un paraíso perfecto para los viajeros que aman la aventura y que quieren practicar diversas actividades al aire libre.

Hay playa, ríos, montañas, la emblemática caverna de Los Cuarteles y una impresionante serie de cenotes.

Entre éstos se encuentra
Poza Verde y El Zacatón.
¡Este último es considerado
como el cenote más profundo del mundo!

Y aunque el acceso al Zacatón está prohibido, sí puedes nadar en otros cenotes y disfrutar de la hermosa vista de los alrededores.


¡Vámonos a dar una vuelta a El Cielo!

No queríamos que la aventura terminara, así que nos dirigimos hacia el municipio de Gómez Farías.

Llegamos por la tarde.

Ahí nos esperaba la camioneta que nos llevaría a la instagrameable Reserva de la Biosfera de El Cielo (también fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco).

Estaba muy ansiosa por llegar, tomar muchas fotos y dejarme envolver por los distintos tipos de ecosistemas que ahí residen.

Entre ellos el bosque de neblina y la selva mediana subcaducifolia.


Nuestra primera parada fue en el Centro Interpretativo Ecológico.

Aquí pudimos acercarnos a la biodiversidad por medio de explicaciones, material didáctico y hasta por la convivencia directa con los animales.

Entre ellos encontramos un pequeño asilo de guacamayas y pericos y a un jaguarundi. ¡Incluso pudimos darle de comer a un oso negro!

Herbey Morales

Sin embargo, pronto cerrarían el parque, por lo que retomamos de nuevo nuestra ruta hacia las cabañas del Ejido de San José. Afortunada o desafortunadamente, cuando pasamos por El Valle del Ovni no percibimos nada extraño. Sólo nos acompañaba la magia de la noche y un cielo infinitamente estrellado.


Amanecer en el Cerro de la Campana

Nunca olvidaré ese día. El cansancio casi nos impidió levantarnos a ver el amanecer, pero gracias a un salto decisivo nos pusimos en marcha hacia el Cerro de la Campana, donde definitivamente podríamos apreciarlo mejor.

Nuestros fieles compañeros fueron guías expertos, cuatro lámparas y un grupo de perritos juguetones –quienes, por cierto, han salvado la vida de sus dueños varias veces al avisarles sobre la proximidad de víboras venenosas.

–Porque eso sí, debes saber que, debido a la dificultad de la zona, está prohibido el acceso sin guía. Así que, cuando vayas no te arriesgues y contrata a un experto–.

Herbey Morales

.

El trayecto era largo, oscuro y silencioso. Conforme avanzábamos, el acceso se volvía más y más difícil. Sin embargo, estábamos decididos a lograrlo. Aunque, algo nos desanimó un poco, faltaban algunos minutos para llegar y el cielo ya comenzaba a colorearse.

Conforme nos adentrábamos, la meta parecía cada vez más lejana y el terreno cada vez más difícil. No obstante, con el último aliento lo conseguimos. Y, como si el Sol mismo nos hubiera esperado, en ese instante se levantó el máximo astro de nuestro sistema solar.

Después de quedar sin palabras y de disfrutar como nunca de ese memorable amanecer, recuperamos el aliento y emprendimos el camino de regreso.

Al mismo tiempo, las aves se despabilaron y acompañaron con su hermoso canto nuestro trayecto. De repente, un colibrí aleteó frente a mí como para despedirse y, con una sonrisa, le prometí volver.

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